La nueva era de la IA global y espiritual 

En cuestión de meses, la inteligencia artificial (IA) pasó de ser un terreno dominado por gigantes de Silicon Valley a un escenario mucho más amplio …

| Por La Tribuna-
Experiencing Virtual Reality in Classroom Setting Students in school uniforms engaging in virtual reality experience inside classroom. Teacher dressed as nun observing interaction, various technologies present including computers and VR headset

En cuestión de meses, la inteligencia artificial (IA) pasó de ser un terreno dominado por gigantes de Silicon Valley a un escenario mucho más amplio y diverso, donde Asia marca un ritmo inesperado y donde hasta la espiritualidad se convierte en un negocio digital millonario.

El caso más disruptivo es DeepSeek, la startup china que en enero sacudió al sector con su modelo R1. Gratuito, de código abierto y con un rendimiento comparable —o superior— al de la última versión de Chat GPT, demostró que es posible desafiar la hegemonía tecnológica con menos recursos y en medio de un embargo de chips. La clave, según detallaron sus creadores en la revista Nature, fue apostar por el aprendizaje por refuerzo puro, una técnica que evita la excesiva intervención humana. Así, el sistema aprendió a razonar por prueba y error, alcanzando resultados sobresalientes en matemáticas, programación y disciplinas STEM (son aquellas relacionadas con la Ciencia (Science), Tecnología (Technology), Ingeniería (Engineering) y Matemáticas (Maths)).

Mientras tanto, otro gigante asiático sorprendió por su capacidad de optimización. Alibaba Cloud presentó la familia Qwen3-Next, entrenada con apenas US$ 500.000, una cifra ínfima frente a los millones que invierten OpenAI o Google. El secreto: modelos 13 veces más pequeños que su versión anterior, capaces de ofrecer eficiencia energética y resultados competitivos. La apuesta, definida por la compañía como “el futuro de los LLMs eficientes (Large Lenguage Models o Modelos de Lenguaje Entrenados)”, refleja un cambio de paradigma: no se trata solo de más potencia, sino de mayor inteligencia en el uso de recursos.

Pero no todo el fenómeno IA se concentra en productividad o innovación científica. Un tercer frente, quizás el más inesperado, está transformando la relación de las personas con la fe y las emociones. Según OpenAI, el 72 % de las interacciones con ChatGPT son personales, muchas de ellas vinculadas a reflexiones espirituales. De ahí surgieron aplicaciones como Bible Chat —con más de 30 millones de descargas— o Hallow, que llegó a superar en descargas a Netflix y TikTok en la App Store.

Estas plataformas, que cobran hasta 70 dólares al año por suscripciones premium, ofrecen rezos guiados, “charlas con Dios” y acompañamiento emocional permanente. Para millones de usuarios, representan un refugio en tiempos de soledad; para críticos, un riesgo de dependencia, manipulación y exposición de datos íntimos almacenados en servidores privados.

Lo cierto es que la IA ya no es solo un asunto de laboratorios o empresas tecnológicas: está moldeando la economía, la cultura y hasta la espiritualidad. Desde la eficiencia de DeepSeek y Alibaba hasta la misa digital de un domingo solitario, el nuevo rostro de la inteligencia artificial refleja tanto su capacidad transformadora como las incógnitas éticas que plantea.

También te puede interesar

Últimas noticias