Firma: Edson Vázquez
Las agrupaciones nacionales dejaron en alto al país y demostraron que esta isla rodeada de tierra produce música de altísima calidad.
José Asunción Flores se había tomado el tiempo de investigar las motivaciones y angustias que ocupaban los pensamientos de los paraguayos para poder crear una genuina expresión musical que los identificara, hace unos cien años. Así nació la guarania.
Flores no se imaginaba que esa misma búsqueda reuniría a miles de personas en el monumental Anfiteatro de San Bernardino que hoy lleva su nombre. Almas que peregrinan para llegar a la cima de una empinada colina buscando una sola cosa: comulgar mucha pasión por la música entre fanáticos y seguidores del rock de nuestra región.
Con el lago azul de Ypacaraí observando apacible desde el fondo, y algún “Pedo Canoero” de centinela, el anfi fue testigo de la fuerza y el “groove” que desplegaron los grupos paraguayos en un escenario imponente.
Encargados de arrancar la fiesta
“School of rock” abrió la calurosísima tarde, luego subió “Mi sueño póstumo”, la joven banda de rock que hilvana lo melancólico y sonidos analógicos. Los siguieron “El mismo”, una banda originaria de Barcelona, España, que se presentó en Paraguay por primera vez.
“Bastianes” continuó con su amplio repertorio de temas con letras también melancólicas, pero riffs agresivos por momentos y energía contundente que desafiaba el sofocante calor.
Los encargados del sarambi
Luego llegó el amigable y sabroso “groove” de Funk’Chula, que presentó su álbum: “Terminal Funk’Chula”. Ellos son Pablo “Rata” Ritter, en la voz; JuanDa Navarro, en batería; David “Uru” Correa, en el bajo; y el talentoso Luigi Manzoni, en guitarra.
Con temas como “Recoleta”, “Asunción” y “Puerto Santa María”, el público vibró con la sensualidad del funk y soul. Uno de sus grandes éxitos “Hotel Boston” fue la excusa perfecta para convocar a Franco, vocalista de “El culto casero”, con quien movieron al público que ya disfrutaba de una buena sombra en el anfi, luego del intenso sol que acarició cuerpos enteros.
“Salir a bailar” fue la antesala del final, que llegaría con “Vieja”, una de las canciones que empezaron a escucharse hace unos años atrás y que ya anunciaban la ineludible calidad de la agrupación.
Luego llegó el turno de “El culto casero”, una banda que también logró trascender fronteras y que supo cautivar a un nicho que cada vez se vuelve más grande. Un público sediento de “indie”, con letras casi etéreas, pero con melodías y ritmos enérgicos. La banda recorrió todas sus canciones para cerrar épicamente con “Una Ciudad”.
Como en un anterior “Reciclarte”, Franco bajó hasta el sector césped para armar un minipogo. El público lo alzó, paseándolo como un becerro de oro mientras él terminaba las últimas estrofas del hit.
Reggae y problemas técnicos
“Nonpalidece” se encargó de dejar abundante reggae sincopado con su envolvente sonido entre teclados, coros angelicales y vientos hechizantes. Con sus letras de amor y profunda espiritualidad, recorrieron temas como “Dame luz”, “Love song”, “Tu presencia”, “Para donde corrés”, y luego terminar con “One love”, en honor a los 80 años que hubiese cumplido el rey Bob Marley el pasado 6 de febrero.
Luego, llegaron los problemas de sonido, la música de ambientación se cortaba por momentos y la presentación de “Conociendo Rusia” tuvo un retraso de 40 minutos. El grupo que ya es un amigo de Paraguay, recorrió todos sus éxitos y estrenó “Películas de acción”.
Artífices del sarambi
El verdadero pogo llegó de la mano de “Altamirano”, la siguiente fase artística pos-Revolber de Patrick Altamirano. “Huye hermano”, la emblemática canción de la película paraguaya “7 cajas” habilitó los primeros saltos del público, para luego matizarlos con “Vagabundo”, la canción en honor al gran embajador de la música paraguaya, Luis Alberto del Paraná.
Con un mensaje de “Ojalá que tengan un lindo año” prosiguió con “Ya está, ya fue”. En “Casanueva” subió Belén Pinto del grupo “Sandía”; para luego continuar con otros temas que levantaron más polvo en el público: “Astronauta casero” y “El solo”.
Altamirano, ese tipo, esa banda, que conjuga adrenalina, conciencia social, melancolía y futurismo, homenajeó a su público con el himno que mueve a tantas generaciones de rock paraguayo: “7 hermanos y un misil”.
Saltos, pogo, polvo en el aire, adrenalina, gente que caía y se volvía a levantar, algunos moretones quedarán, pero el sabor de haber coreado semejante obra de rock nacional nadie se los podrá robar.
Luego subieron Ciro y los Persas, Catupecu Machu y La Mancha de Rolando, pero, para eso, será menester otra publicación.


