“Ni una sola nota calmada” se llama el cuarto álbum de La Banda de Arturex, lanzado hace unas semanas con temas que fusionan jazz quebrado, punk, funk, rock visceral con versos de Augusto Roa Bastos y Elvio Romero.
El grupo está compuesto por Arturo Estigarribia, en voz y guitarras; Edgar Chamorro, en batería, y Didier Parra, en bajo y teclados. La Banda de Arturex se ha consolidado como una de las propuestas más originales del rock alternativo paraguayo, tras una década de trayectoria construyendo una sólida identidad.
Su cuarto trabajo discográfico reúne obras instrumentales originales, de autoría propia y con letras de Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, así como de Dayana Urunaga, Jacobo Rauskin y el mismo Arturo Estigarribia. Dichas colaboraciones sobresalen con textos que abordan temáticas sociales, existenciales y políticas desde una perspectiva poética y comprometida, al estilo del grupo.
El álbum incluye 11 canciones y fue grabado de forma independiente y producido por el propio trío. Fue concebido como una declaración artística en tiempos convulsos: “El arte como resistencia, emoción pura y testimonio de nuestra memoria histórica”.
Cuenta también con la participación de otros músicos, entre ellos el bajista Chino Corvalán, el tecladista Germán Lema, el baterista Oswal González, el contrabajista Ariel Burgos, el trompetista Jonathan Piñero, el baterista Víctor Morel, el violinista José Olivera, el violista Gerardo Gramajo, el chelista Cruz Almao y el contrabajista Pablo Badenas.
El álbum, según dijo Estigarribia, está conceptualmente cimentado sobre tres sonetos de Augusto Roa Bastos, presentes en el tema “Tríptico I, II, III”.
El primer adelanto, “El novio de Dios”, marcó el tono desafiante y emotivo del álbum. El álbum completo está disponible en las plataformas de streaming, acompañado por materiales audiovisuales disponibles en las redes oficiales de la banda. El disco también contará con una edición física en formato vinilo.
Arturo es un coleccionista de discos de vinilo, con muchos discos de jazz y rock, entre otros géneros.
La Banda de Arturex irrumpe con “Ni una sola nota calmada” con un sonido desafiante. El título es más que una advertencia: es una declaración de principios. Cada canción tiene la intención de ser un manifiesto emocional que se enciende entre acordes y heridas.
El grupo también ha buscado un sonido visceral sin baterías de computadora, sin loops, sin trucos de estudio. Han buscado un sonido natural y directo, que las maderas, los parches y las cuerdas electrificadas suenen como si respiraran.
“Tríptico I, II, III” funciona como un recordatorio de dónde venimos: la tierra, el aire, el agua, el fuego, a los cuatro elementos, a la descendencia y el legado.
Arturo también dedica canciones a su familia: Su esposa Verónica y sus hijos Rafael y Tuvia, tituladas con sus mismos nombres.
Hay una versión que se balancea entre el jazz y el rock de “Cielito del Paraguay”, el poema hecho canción de Elvio Romero, que ya había sido versionado por otros músicos como Ñamandu, y que aquí gana una versión muy diferente y desgarrada.
“Ni una sola nota calmada” ofrece una experiencia catártica donde la música actúa como testimonio y trinchera. Su objetivo no es calmar, sino conmover. El grupo propone canciones que no sean una música de fondo sino que fuerce a tomar una posición en la escucha.


