El documental está dirigido por Morgan Neville y retrata un período caótico en los Estados Unidos. La situación económica era asustadora, la incursión en Vietnam fue un fiasco y el caso Watergate reveló los malos manejos de Washington. El tan mentado “sueño americano” colapsaba y Hollywood lo reflejaba en sus películas. Los nuevos directores, inspirados en la ola francesa, ponían la cámara al hombro y salían a filmar historias reales. Era necesario hacerlo, contagiarse de realidad y dejar atrás aquella “fábrica de sueños” que estaba desfasada con todo lo que se vivía.
El filme también muestra cómo una nueva oleada conservadora iba creciendo, representada en la misma película por Ronald Reagan, un exactor de aquel viejo Hollywood que en la década siguiente se convertiría en el presidente, así como también se expandía un individualismo amparado en una idea new age post hippie, que poco tenían que ver con los ideales originales.
La película no solamente muestra las grandes obras del Nuevo Hollywood sino también hace un paneo sobre otras películas que se producían en ese entonces como los filmes “blackploitation”, es decir, las películas producidas por los afroamericanos, y el cine catástrofe que estaba en su ápice. Justamente, sería una película de este género, dirigida por uno de los principales representantes del Nuevo Hollywood: Steven Spielberg y su “Tiburón”, que volvería a cambiar las reglas del juego.
Este documental hay que verlo junto con otros dos: “Easy riders, raging bulls”, de Kenneth Bowser, y “Una década bajo la influencia”, de Ted Demme, ambas del 2003, que pueden encontrarse en Youtube, para tener una mayor perspectiva de las excelentes películas que se produjeron en esa época en los Estados Unidos. Pero, más que nada, los tres son ventanas o disparadores para conocer excelentes películas y que hay que tener en cuenta cuando uno cree —algoritmo mediante— que no hay nada que ver. Es cuestión de tomar nota y buscar en las plataformas de streaming. Siempre hay algo que descubrir.


