Para los que fuimos adolescentes en los ochenta, Vocal Dos representaba el encuentro con un folclore diferente, uno que se distanciaba del pintoresquismo de los paisajes rurales y las postales turísticas que pintaban un hermoso Paraguay, muy en contraste con la realidad de dictadura que vivíamos en el país. Lo que Vocal Dos nos planteaba con sus canciones era un Paraguay más coherente y real. Ellos eran el nexo con temas más antiguos, compuestos en los años treinta y cuarenta y que no integraban el repertorio de las parrilladas, y con los cuales nos identificábamos más por sus planteamientos sociales.
Vocal Dos era uno de los principales representantes del Nuevo Cancionero. Los hermanos Jorge y Necho Pettengill son oriundos de Itauguá y empezaron a ser conocidos en 1971, tanto en las noches del Festival de Ypacaraí, como en La Guarida del Matrero, rincón asunceno donde congeniaban con Maneco Galeano, Carlos Noguera, Santi Medina y otros tantos en los albores de dicha década.
Ya en los ochenta se unieron al ciclo Mandu’arã compartiendo escenarios con Juglares, Sembrador, el dúo de los hermanos Fernando y Lalo Robles, entre tantos otros.
Mandu’arã fue también un sello discográfico y a su amparo se editó “Viva”, que fue grabado en los estudios Cerro Corá en julio de 1985 y editado en el transcurso de dicho año, hace cuarenta años. En el álbum se unían tres vertientes de expresión en el canto de Vocal Dos: las canciones paraguayas antiguas que exclamaban por un país mejor, temas del Nuevo Cancionero Latinoamericano y las nuevas composiciones de los jóvenes autores paraguayos.
El disco abría con “Mi patria soñada”, de Carlos Miguel Jiménez y Agustín Barboza, la expresión de la utopía paraguaya, creo que compuesta en el fervor de la Primavera Democrática del ‘46. El teclado de Luis Álvarez iniciando la canción le dio un sello característico. Tal vez esta sea la interpretación más conocida de dicha guarania.
Luego viene “Viva”, de Carlos Noguera, que da título al álbum. Los primeros versos eran toda una declaración de principios: “Yo no soy un guitarrero que canta por cantar”, mientras las cuerdas del guitarrista Serafín Ullón y el arpista César Cataldo van hilvanando el entramado adecuado para este canto de esperanza.
Siguen tres temas del cancionero latinoamericano, los tres de autores brasileños: “Corazón de estudiante”, de Milton Nascimento y Wagner Tisso; “Siembra”, de Vitor Ramil y José Fogaça, y “Ven vamos ahora”, de Geraldo Vandré, pero interpretados en castellano.
El lado dos iniciaba con “Renacerá el Paraguay”, otra guarania de esperanza de Néstor Romero Valdovinos y Herminio Giménez; “Color del alba”, de Elvio Romero y Carlos Noguera; “El canto del hombre”, de Rudi Torga y César Cataldo; “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, y “Kuña Guapa”, de Clementino Ocampo, una polca muy popular, pero muy cancelable para los cánones de hoy.
La integración caracterizaba a esos años. El disco no hubiese sido el mismo sin la orquestación de Luis Álvarez que puso teclados y cuerdas muy característicos. Al grupo de músicos se sumaba Tuga Ramírez, de Sembrador, pero aquí hacía percusiones, y el arte de tapa corresponde al artista plástico Osvaldo Salerno, que le dio el toque de contemporaneidad necesario a la propuesta musical.
El álbum fue editado en LP, como correspondía a esos años y luego fue lanzado en CD en los noventa. Pero no está como tal en las plataformas de streaming. Están casi todos los temas en un compilado de Vocal Dos, a excepción de las canciones latinoamericanas. La versión que aparece de “El canto del hombre” es la que corresponde a la que grabaron Vocal Dos y Juglares juntos para el casete “Integración y canto”, lanzado unos años antes que “Viva”. La versión de “Kuña Guapa” tampoco tiene el brillo del LP. Pero están ahí, a disposición de los melómanos. Es una opción posible hasta encontrar el LP original, una obra que debe estar presente en la colección de todo seguidor de la buena música paraguaya.


