El almacén Cañisá está detenido en el tiempo, pero necesita trabajos de restauración.
El Cine Cañisá está buscando su valorización como patrimonio de la ciudad con diferentes actividades. Desde hace unas semanas, cada sábado allí se proyectan películas, a pesar de que la pantalla luzca algunos agujeros.
Sergio Ferreira
El Cine Cañisá denota mucha vejez. Hay manchas de humedad en las paredes y falta revoque en algunas partes. Pero no hay abandono, hay resistencia. El espacio ha sido conservado a duras penas por los Cañisá, conscientes de que eran dueños de un espacio con historia, muy importante para la comunidad de Trinidad.
El almacén conserva su estructura original y los objetos y muebles que allí se utilizaban, pero es necesaria una restauración que les devuelva su esplendor.
El lugar en sí, no solo el inmueble, es como si estuviera detenido en el tiempo. Está ubicado frente a las antiguas vías del tren y no en una arteria de tránsito automotor. Hoy en día se ha convertido en lo que siempre pareció: una plazoleta, rodeada de árboles y lejos del ruido de los automóviles. A pesar de que están circulando solo a una cuadra de distancia, se aprecia el silencio, como si estuviera alejado de todo. Sin embargo, está a pocas cuadras de la iglesia de la Santísima Trinidad.
El Cine Cañisá formó parte de un complejo conocido como Cañisá Hermanos, que incluía un almacén de ramos generales, un bar restaurante y, por último, la sala de proyección. Fundado por el inmigrante catalán José Cañisá, este espacio fue mucho más que un emprendimiento comercial. En las primeras décadas del siglo pasado se convirtió en un verdadero centro cultural y social para la comunidad trinidense y sus alrededores.
Inicialmente, el cine no formaba parte de las actividades del almacén, hasta que vino un “cinero” ambulante con sus películas y proyector y empezó a exhibirlas en el local. La iniciativa tuvo tanto éxito que don José decidió construir un salón anexo con capacidad para 400 personas, ventiladores de pared y una campana que anunciaba el inicio de las funciones. Todo funcionó bien hasta la llegada de la televisión y el público fue mermando.
En los últimos años ha habido varios intentos de rescatarlo, pero no se ha concretado mucho. Últimamente, se está logrando un mayor destaque con actividades semanales y un interés más firme de la Dirección de Patrimonio Cultural. En este año se han realizado ferias, se presentaron obras de teatro, ha sido uno de los espacios de proyección del Ciclo de Cine Europeo y actualmente se realizan proyecciones semanales. Cada sábado se presentan películas para toda la familia.
La entrada es por el antiguo almacén, luego hay una especie de antesala, decorada con los afiches de películas del siglo pasado, y, finalmente, la sala de proyección con sus bancos de madera. La experiencia es como retroceder en el tiempo.
La proyección ya no es en fílmico. Al fondo de la sala puede verse la antigua cabina de proyección, pero hoy se utiliza un proyector digital.
Las películas que se han programado en estas últimas semanas sí van acordes con las viejas programaciones del Cañisá.
Actividades y películas del día
Hoy a las 17:00 se realizará el taller para niños “Explorando los tesoros del Cine Cañisá”, a cargo de la Ing. Debora Soto. Luego, a las 20:00 se proyectará el segundo capítulo del seriado Superman, sobre el famoso personaje de historietas, realizado en 1948. Finalmente, a las 20:30, se proyectará “Charada” (1963), la película de Stanley Donen, protagonizada por Cary Grant y Audrey Hepburn. Un thriller de acción que combina comedia y romance.
El lugar está disponible para alquiler y colaboración, y todas las novedades se comunican a través de su cuenta en redes sociales: @cinecanisa.


