Arte y Cultura

Szarán se siente en el inicio de una aventura que recién comienza

Luis Szarán agradece el aplauso del público reunido en el Teatro Municipal, el miércoles pasado, ante la mirada del presidente Santiago Peña.

| Por La Tribuna
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Luis Szarán y su hijo Ian, quien dirige actualmente el Ensamble Paraqvaria.

Szarán junto al arpa de agua en la Expo Dubai.

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El director de orquesta y compositor Luis Szarán recibió esta semana la Orden Nacional del Mérito, en Grado Cruz, de manos del presidente Santiago Peña, en un acto celebrado en el Teatro Municipal. La distinción resalta una labor de décadas en el desarrollo cultural de nuestro país en diferentes aspectos. Pero Szarán no quiere verlo como el cierre de una carrera, sino como el comienzo de una aventura que recién comienza. 

En esta entrevista, el músico nos habla de diferentes aspectos de su carrera, que se ha caracterizado por constantes viajes al exterior, ya sea para actuar o para realizar investigaciones musicológicas. Hablamos también sobre Sonidos de la Tierra, ese programa de escuelas musicales por todo el país, que ya lleva más de veinte años, así como de Ian Szarán, uno de sus cinco hijos, que actualmente se dedica a la dirección de orquesta.

 - Un año normal en la vida de Luis Szarán incluye tres viajes, como mínimo, al exterior e incontables a lo largo del país. ¿Esta vida de trotamundo comienza con una beca en Italia hace cincuenta años?

- Así es. Es mi vida esparcida por mil lugares. A los 12 años vine de Encarnación en un camión de yerba, porque no tenía para mi pasaje, para estudiar en Asunción con José Luis Miranda. Dejé a mi familia, mi colegio, mis amigos. Casualmente, diez años después fui a Italia gracias a una beca del Gobierno italiano. Mi capital ahorrado eran 200 dólares, sin saber lo que iba a encontrar. En el avión conocí a un empresario alemán, que estaba instalando una industria en el Paraguay, hasta ahora activa, y lo que me dijo me marcó toda la vida: “Paraguay es un país maravilloso; el paraguayo puede vencer guerras, triunfar en cualquier área de la vida, pero tiene un defecto: Una vez que llega a la cumbre, no sabe mantenerse. Es como este avión, si deja de alimentarlo con combustible, se va a caer”. En Roma, tuve la suerte de hacer amigos, que hoy son colegas de orquestas importantes, principalmente en Europa; fueron las primeras conexiones para dirigir por allá, en numerosos países. Mucho éxito y amistades, que tuvieron su precio en mi vida personal. Por la obsesión en estudiar y ganar espacios internacionalmente, descuidaba a mi familia y así, por más de tres décadas, no logré tener un hogar estable. Mis hermanas estaban cansadas “de querer y desquerer” a las diferentes mujeres que aparecían en mi vida. Ahora acepto solamente las invitaciones donde me siento mejor y no todo lo que venga, como fue en alguna etapa de mi vida.

- En Corea dirigiste este año una obra proveniente de Azerbaiyán junto con una de José Asunción Flores ¿Cómo coincidían dos obras provenientes de países tan distantes?

- Esta experiencia en Corea fue una de las más ricas ya que nos cruzamos con música de los extremos del mundo. Preparamos la música de Azerbaiyán que al final no se pudo hacer porque no llegó el solista y la reemplazamos por antiguas canciones coreanas, junto a la música de Flores. Es increíble cómo en el arte, aunque sean lenguajes de culturas bien diferentes, hay numerosos puntos de inflexión. La experiencia más fuerte fue cuando fuimos a la Expo Dubai con la orquesta H2O y el arpa de agua. A Paraguay le tocó el honor de realizar la apertura del Pabellón de Sostenibilidad, que tenía una importancia muy grande. Pocos grupos tenían ese privilegio. Comenzamos a tocar música paraguaya, a medida que ingresaba la gente. Con naturalidad un grupo de música árabe de percusión se sumó a nosotros haciendo el ritmo. Nosotros decíamos que rápido se adaptan a la música paraguaya y ellos nos decían: “No, este es nuestro ritmo natural”. De ahí te das cuenta de la ruta cultural: los árabes en España, dejando sus raíces, los españoles dejaron las suyas en nuestra región y la hicimos nuestra, junto a otros signos de la propia cultura ancestral.

- Recientemente, mediante tu intermedio, un archivo musical del Barroco Americano llegó a Paraguay. En términos musicológicos: ¿Esto convierte al país en un centro importante del estudio de la música barroca?

Este año recibimos la donación del mayor archivo de música barroca de Latinoamérica que se encontraba en Francia. Durante cuarenta años la Fundación del Convento de Saint Ulrich, de Sarrebourg fue formando su biblioteca, mientras organizaba los más prestigiosos festivales de música barroca europea e introdujo la música barroca de Latinoamérica, en los años 90. Además, propició la creación de agrupaciones especializadas en ese repertorio, en países de nuestro continente. Dicha biblioteca es única en su género en el mundo por contener en un solo sitio la música escrita en América durante los siglos XVI al XVIII. El convento fue vendido a una cadena de restaurantes y la Fundación, liderada por Alain Pacquier, quería que el destino del archivo fuera algún país de Latinoamérica. Es así que nos enviaron el ofrecimiento. “Hemos evaluado el valioso trabajo de formación de escuelas de música, liderazgo musical y de masivas creaciones de orquestas juveniles, por parte de Sonidos de la Tierra, en una labor sin pausa, durante más de 22 años y creemos que es la organización más confiable para ser depositaria de este valioso patrimonio de la música de Latinoamérica”, nos dijo en una carta. Luego hicimos los trámites aduaneros, realizamos un convenio con la Secretaría Nacional de Cultura, para que todo esto, propiedad de Sonidos de la Tierra, pudiera estar bien protegido y abierto a musicólogos, estudiantes y músicos profesionales de todo el mundo. Nos concedieron un espacio privilegiado en el Archivo Nacional de Asunción y en los próximos meses vamos a estar inaugurando.

- Varios de los integrantes de la OSCA y otras orquestas empezaron siendo niños en Sonidos de la Tierra. ¿Te imaginabas una proyección así, cuando todo comenzó, hace más de veinte años?

- Sonidos de la Tierra tiene su enfoque en la transformación social a través de la música, no somos un conservatorio, aunque últimamente los hay y en cantidad por el interior. Pero el paraguayo es muy musical, le das una guitarra y a la semana, sin profesor, está tocando y cantando canciones. Así fueron surgiendo como hongos, talentos por todo el país, con condiciones de genios. Nos obligó a crear un programa de becas, hace más de 15 años, pero regulando la cantidad para no generar falsas expectativas de salida laboral. En todo ese tiempo se formaron profesionalmente más de 400 jóvenes, quienes de las escuelas de Sonidos de la Tierra, pasaban a conservatorios, maestros privados y facultades de música. El enfoque lúdico de nuestras escuelas, así como la práctica grupal, es la base del éxito para estas personas, que realizan sus estudios superiores con disciplina y sin prejuicios ni de pánico escénico; de forma natural. Los que van egresando ganan todos la mayoría de los puestos de trabajo en los concursos y audiciones de las orquestas profesionales, igualmente otros en la docencia. No me imaginé jamás todo esto. Yo soñaba con chicos felices haciendo música, siendo buenas personas y mejorando su calidad de vida y su desarrollo personal.

- Ian Szarán actualmente también dirige conciertos. Toda una sorpresa.

- Ian es un joven con una mente superior y obsesionado por el conocimiento. Recuerdo que cuando él estudiaba en el Colegio Cristo Rey, le pidieron que leyera un libro de los filósofos griegos y me pidió que le comprara la colección completa de todo lo que existía. Me juró que iba a leer todo y así fue. Con una memoria privilegiada, discutía con sus profesores y así en otros campos. Se formó conmigo y otros maestros de alto nivel y desde hace varios años le pasé la antorcha del proyecto del Ensamble Paraqvaria y ya tiene destacados logros no solo aquí, sino en Bolivia, Italia, Francia, Austria y Alemania. Tiene sus alas propias. Tiene ofertas de trabajo en Bolivia pero mi sueño es que se quede en el Paraguay, donde hay tanto por hacer en este campo.

- ¿Hay alguna obra que aún no dirigiste y que desees dirigirla?

- Tengo una larga lista de unas cien obras de románticos y contemporáneos. Voy incorporando unas cuantas cada año a medida que crece el nivel técnico de nuestras orquestas y la capacidad de apreciarlas del público paraguayo.

- ¿Cuál es tu última composición estrenada?

- La última se estrenó en Francia hace unos años. Se llama “La siesta de la Mona Lisa”, una obra para violín, cello solista y orquesta. Me fue encomendada por la Orquesta Sinfonietta de París, que ya había estrenado música mía en décadas anteriores. Para el encargo tenía que ser algo de interés en Francia. Al estar condicionado por la formación orquestal me enfoqué en los cambios del rostro de la Mona Lisa según donde se la mire, quedando para el violín una parte y al cello, otra. En medio de los meses en los que estaba trabajando, vi un documental científico inglés, que llevó muchos años de trabajo, en el que estudiaban el porqué algunos cuadros son más famosos que otros y entre ellos estaba esta obra que está en el Museo del Louvre y que es lo más visitado en el mundo. Una parte de las conclusiones, entre otras de índole estética, es que al mirarla el visitante siente que ella es la que te mira. De allí me vino la idea de agregar al sentido de la obra: Que ella ha mirado a millones de personas a lo largo de tantos siglos, hasta que un día decide pegarse una siesta y sueña con todos sus visitantes, incluido el propio pintor. Por eso incluyo un fragmento de una pieza de música de Da Vinci. La obra todavía no se estrenó por aquí.

- Finalmente, ¿cómo te encuentra esta nueva distinción?

- Más allá de decir gracias, por lo que me toca, me pone muy contento ver que desde el Gobierno se impulsan iniciativas para reconocer la labor de los artistas de nuestro país, tan olvidados a lo largo de su historia. No solo a través de este tipo de condecoraciones, que es muy importante para poner modelos de inspiración en la gran vidriera de la Nación junto a otros proyectos, sino también brindar oportunidades de becas, posibilidad de financiación a proyectos de artistas emergentes en todos los géneros del arte y la dignificación de la carrera del trabajador cultural, más recientemente, gracias a la ley que posibilita el acceso al seguro social para los artistas y gestores culturales. Ahora, un acto de condecoración, como este, el máximo de nuestro país, se puede pensar que es para alguien que está cerrando un ciclo o que está enfermo. En mi caso, esta maravillosa aventura, recién comienza…

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