Mongelós impulsa el aprendizaje desde la experiencia y la acción

Hay algo mágico en el teatro que no se explica con teorías ni con técnicas: se siente. En esa mezcla de luces, miradas y silencios compartidos, ocurr…

| Por La Tribuna
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Hay algo mágico en el teatro que no se explica con teorías ni con técnicas: se siente. En esa mezcla de luces, miradas y silencios compartidos, ocurre algo que, por un instante, nos devuelve el reflejo de lo que somos. Eso es lo que Diego Mongelós busca cada vez que sube al escenario o se sienta frente a un grupo de actores para formarlos. Porque, como él dice: “el teatro es el lugar donde como sociedad podemos vernos reflejados”. La frase es, de alguna forma, el corazón de su trabajo.

El teatro como territorio para explorar

Mongelós coordina talleres en El Estudio, una escuela que lleva más de veinte años formando actores y directores en Asunción. Allí, el teatro no se enseña como una receta, sino como un territorio para explorar. “No trabajamos una técnica actoral específica —explica—, sino que vamos descubriendo juntos desde dónde conviene atacar una escena para que el resultado sea efectivo”. Su taller se llama “El lugar donde se ve”, inspirado en una frase de Stella Adler, y propone un juego constante entre acción y reflexión.

Construcción de sentido a través de la acción

A partir de la pregunta “¿Cómo querés que se vea esta escena?”, invita a los alumnos a pensar en cada decisión escénica como una construcción de sentido. No se trata solo de una cuestión estética, sino de entender qué dice el cuerpo, el gesto, la distancia, la voz. “A través de la acción, el actor está construyendo significado”, resume. Quizás por eso, sus clases atraen tanto a intérpretes experimentados como a quienes están dando sus primeros pasos. En esos grupos tan diversos, la experiencia no se impone: se comparte.

Apertura, juego y compromiso social

“Son talleres con actores profesionales y estudiantes avanzados —cuenta—, pero lo importante es el proceso. Lo que equilibra las diferencias es la apertura y las ganas de jugar. De disfrutar el camino”. Esa palabra, jugar, aparece seguido cuando habla. No como algo frívolo, sino como una actitud ante el oficio. En el primer encuentro propone ejercicios que despiertan la capacidad lúdica de los participantes. Es una forma de romper la rigidez, de volver a la curiosidad inicial. Porque, para él, el teatro también es eso: un espacio para asombrarse otra vez. Formar actores, sin embargo, no se limita a la técnica. Implica formar personas conscientes de su entorno.

El teatro como herramienta de inclusión

El Estudio, donde Mongelós se formó y hoy enseña, tiene muy presente ese compromiso social. “Desde sus inicios, Agustín Núñez —su fundador— planteó el teatro inclusión. Trabajamos con personas privadas de libertad, con comunidades vulnerables, con quienes la sociedad suele dejar de ver. El arte nos abraza a todos sin distinción”, dice con orgullo. Cuando se le pregunta por el nivel actoral en Paraguay, no duda: talento hay de sobra. Lo que falta, aclara, son políticas culturales que acompañen.

La necesidad de políticas culturales concretas

“La cuenta pendiente sigue siendo la falta de voluntad política para estimular el desarrollo del teatro. Necesitamos planes concretos, transparencia y gente idónea al frente de las instituciones”. Diego ha pasado por teatro, cine y televisión, pero si tuviera que elegir, el escenario sigue siendo su casa. “El teatro es esencialmente mi espacio de expresión. Es donde puedo sentir el pulso del público y ese ida y vuelta que no se reemplaza con nada”. Antes de terminar, le pido que resuma qué considera indispensable en la formación actor. No lo duda: “El compromiso, la disciplina, la escucha, la curiosidad. Las ganas de sumergirse en la verdad emocional y, sobre todo, la pasión”.

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