En los primeros días de abril de 1976, la policía stronista se entera de la existencia de la OPM, la Organización Político Militar, que se había conformado para derrocar a Alfredo Stroessner. La novela “Un viento negro”, ganadora del Premio Nacional de Literatura 2013, relata la feroz represión que desató el régimen contra la OPM y las Ligas Agrarias, hace cincuenta años.
El 3 de abril de 1976, el estudiante paraguayo Carlos Brañas fue detenido en la aduana de Encarnación, cuando volvía de Corrientes, donde estaba estudiando. La policía le incautó una gran cantidad de documentos que alertaron a las autoridades sobre la existencia de la OPM. Al día siguiente comenzó la redada contra la organización. Sus principales dirigentes fueron eliminados: Martín Rolón, en su vivienda en Lambaré; en la madrugada del 5, Juan Carlos Da Costa, en una redada en el barrio Herrera, en la misma vivienda que compartían Mario Schaerer Prono y Guillermina Kanonnikoff. Da Costa fue muerto mientras la pareja huía por el fondo de la casa. Fueron capturados en la mañana, en la parroquia de San Cristóbal. Schaerer moriría torturado en Investigaciones horas después.
Comenzaba así una gran represión en la que fueron detenidos y torturados unos 1.500 campesinos y 200 estudiantes, entre abril y junio de 1976. Muchos fueron muertos en la prisión de Abraham Cué, en Misiones, en la tristemente célebre “Pascua Dolorosa”.
La OPM ni siquiera estaba totalmente articulada. Unía a estudiantes del Movimiento Independiente y a campesinos de las Ligas Agrarias. Muy pocos miembros de la organización lograron escapar.
Alcibiades González Delvalle se basa en los sucesos de 1976 para trazar su novela “Un viento negro”, que fue galardonada en la tercera edición del premio de novela inédita “Lidia Guanes”, en el 2012. Al año siguiente, fue premiada también con el Premio Nacional de Literatura.
“El Maestro”, como lo conocemos en el ambiente literario, es uno de los principales periodistas paraguayos de los últimos sesenta años. En este libro desmenuza la historia, y se introduce en áreas del relato que no podría hacerlo desde la práctica periodística. Antes había escrito “Contra el olvido. La vida cotidiana en los tiempos de Stroessner” y su colección de artículos periodísticos publicados antes del cierre en ABC: “Mi voto por el pueblo”, por mencionar libros referidos a los años del stronismo. Pero en “Un viento negro” invirtió su mayor esfuerzo en desligarse del cronista para ingresar al rol de narrador de historias. Literatura sí, periodismo no era la consigna que se impuso Alci, logrando un libro de lectura ágil y atrapante.
Cada capítulo lleva el nombre de sus protagonistas: Blas Arzamendia, Dionisio Rojas, Ramón Segovia, Raimundo Flores y Eva Alonso. Son nombres ficticios que reúnen características de personas reales. Arzamendia, por haber sido el primer capturado, podría ser Brañas pero también reúne características de otros miembros de la OPM. Da Costa sería Sergio Bogado, pero no es un personaje principal. González Delvalle no buscó la épica de la OPM, sino relatar lo que ocurrió con personas comunes y corrientes. Además, al dar identidades ficticias a sus personajes, González Delvalle busca que cada uno de los lectores se asocie a los mismos. Ahora, los represores y torturadores sí están identificados con sus nombres propios.
El relato inicia la noche del 3 de febrero de 1989 para saltar pronto al despacho de un alto funcionario del gobierno, en 1976, donde la madre de Arzamendia va a averiguar dónde está su hijo. Pronto, retrocedemos unos días, al momento en que el joven es arrestado en Encarnación. Así el relato de González Delvalle logra una edición cinematográfica ágil que captura pronto la atención del lector.
El viento negro aparece como un presagio, cada vez que ocurrirá algo nefasto. Sin dioses de por medio, González Delvalle da un tono de tragedia griega al relato, el cual mantiene su tono sobrio. Un libro que deberíamos leer todos para no olvidar aquellos años de viento negro.


