Desde la experiencia personal y la docencia, el guaraní deja de ser solo una lengua heredada para convertirse en herramienta profesional, vínculo emocional y forma de resistencia cultural. La enseñanza fuera del país resignifica el idioma y fortalece la identidad paraguaya en contextos de migración. Así lo vive el “mbo’ehára Marce”, paraguayo que enseña el idioma desde España.
Para Marcelo Dos Santos, conocido en redes sociales como Mbo’ehára Marce, el guaraní dejó de ser solo una lengua heredada para convertirse en su profesión y proyecto de vida. Actualmente reside en España, desde donde imparte clases a paraguayos que viven en distintas ciudades europeas y también a alumnos de otras partes del mundo a través de plataformas online.
El punto de inflexión para Marcelo llegó en el 2015, cuando le recomendaron estudiar formalmente el idioma. Hasta entonces, el guaraní había sido parte natural de su vida cotidiana y de su formación escolar, pero ese momento marcó el inicio de un camino profesional. La decisión, señaló, se sintió como una señal clara, casi inevitable, que conectaba su facilidad con la lengua y su vocación docente.
En su mirada, enseñar guaraní implica mucho más que transmitir vocabulario o estructuras gramaticales. El idioma condensa valores profundos como el sentido de pertenencia, la memoria colectiva, el sacrificio y el coraje de un pueblo. “Es una lengua que narra vivencias, dolores y resistencias, presente tanto en el humor cotidiano como en la música, donde encuentra una de sus expresiones más potentes y emotivas”, resaltó.
Mencionó que al estar tan lejos de los nuestros, el reencuentro con el guaraní genera en los alumnos emociones intensas. Sorpresa, cercanía y una rápida identificación aparecen con frecuencia, especialmente en quienes vuelven a la lengua después de años de distancia. Aprender guaraní, explicó, provoca una sensación de adopción simbólica, como si el idioma abrazara al hablante y lo integrará a una comunidad más amplia y profunda.
“La experiencia migratoria intensifica ese vínculo. Estar lejos del país transforma la relación con la lengua, que pasa a vivirse desde la emoción, la nostalgia y el amor. La historia del exilio paraguayo demuestra que la distancia no debilita al guaraní, sino que muchas veces lo fortalece”, recalcó. Sin embargo, aclaró que también enfrentan desafíos, ya que el contacto permanente con otros idiomas reduce la práctica diaria, algo que se intenta compensar con herramientas digitales y espacios comunitarios.
Comentó que enseñar guaraní en el exterior presenta retos particulares, ya que no existe una escuela conversacional rígida y el docente debe apelar a la creatividad para sostener el interés y la transmisión del idioma. Ese desafío, lejos de ser una limitación, impulsa un crecimiento profesional más intenso. Lo mismo ocurre con los niños nacidos fuera del país, donde el aprendizaje requiere dinámicas lúdicas y cuidadosas, sin presiones, para no saturarlos.
Para Dos Santos, hablar guaraní hoy es una forma clara de resistencia cultural. A pesar de los intentos históricos de menospreciarlo, el idioma ha superado pruebas más duras y sigue vigente. Las redes sociales cumplen un rol clave en este proceso, al acercar la lengua a nuevas generaciones y a personas que nunca se animaron a estudiarla formalmente. Cada creador que utiliza el guaraní en el espacio digital, sostuvo, contribuye a su preservación.
Mirando al futuro, los desafíos del “mbo’ehára Marce” incluyen alcanzar el doctorado, escribir libros, desarrollar traducciones, crear neologismos y fortalecer su canal educativo Mbo’ehára Marce. “Ver al guaraní vivo y circulando lejos de mi tierra de origen me genera orgullo, emoción y esperanza. Escucharlo en España sigue siendo una experiencia que me conmueve profundamente”, finalizó.



