En el mundo actual, las pantallas forman parte de casi todo lo que hacemos: trabajar, estudiar, informarnos o entretenernos. La llamada fatiga visual digital —o Síndrome de Visión por Computadora (CVS)— ya afecta a millones de personas y, si no se toman recaudos, puede escalar de molestias leves a problemas que deterioran la calidad de vida.
“La mayoría de las personas no parpadea lo suficiente cuando mira una pantalla”, advierte la doctora Sofía Maldonado, directora de Salud Ocular del MSP. “Eso reduce la lubricación natural y es una de las causas principales de la fatiga”. Explica que las largas horas frente a dispositivos pueden disminuir el parpadeo hasta en un 60%. El resultado se siente: ojos secos e irritados, visión borrosa o doble, dificultad para enfocar, dolor de cabeza, ardor o picazón y, en ocasiones, la necesidad de usar anteojos.
¿Por qué se produce la fatiga? El ojo humano no fue diseñado para sostener fijaciones largas, a corta distancia y con brillos cambiantes. Al prolongar la exposición, se altera el contraste, se tensan los músculos intra y extraoculares y se fuerza la acomodación. A esto se suma la luz azul que emiten los dispositivos, capaz de contribuir al cansancio visual y desordenar los ritmos del sueño. Otros factores agravan el cuadro: ambientes mal iluminados, posturas inadecuadas, pantallas sucias o de baja resolución y el uso de brillo excesivo.
La buena noticia es que hay hábitos sencillos que marcan una gran diferencia. Estas son las recomendaciones de la especialista:
• Consulta periódica al oftalmólogo: permite detectar a tiempo sequedad, cambios refractivos, alteraciones en la superficie ocular u otros problemas.
• Lentes indicados y con filtros adecuados: siempre con receta y adquiridos en establecimientos habilitados por el MSPBS.
• Regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar a 5–6 metros (20 pies) y parpadear durante 20 segundos para “resetear” la vista.
• Ajustar brillo y contraste: evitar el brillo máximo, aprovechar la luz ambiental.
• Entrenar el parpadeo: hacer pausas conscientes para cerrar los ojos varias veces y estimular la lubricación.
• Distancia y altura correctas: ubicar la pantalla a 50–70 cm, con el borde superior al nivel de la mirada o levemente por debajo.
• Ergonomía del puesto: silla que sostenga la espalda, pies apoyados y hombros relajados; evitar reflejos.
• Higiene de pantallas: limpiar con paños adecuados y mantener resolución adecuada y tamaño de letra legible.
• Niñez y pantallas: menores de 2 años, sin exposición; mayores, no más de 2 horas al día, priorizando juego activo y al aire libre.
• Sueño y desconexión: limitar pantallas en la hora previa a dormir para favorecer el sueño.
Adoptar estas pautas reduce síntomas y previene complicaciones. También ayuda a administrar el tiempo de exposición: segmentar las tareas en bloques, alternar actividades que no requieran pantalla, mirar por la ventana, hidratarse y ventilar. En el estudio o teletrabajo, conviene programar recordatorios para cumplir las pausas y usar aplicaciones que regulen descansos.
El entorno físico importa. La iluminación ideal es uniforme, sin deslumbramientos directos sobre la pantalla. Una lámpara auxiliar puede complementar la luz natural, pero nunca debe apuntar a los ojos ni reflejarse en el monitor. Si hay ventanas, colocar la pantalla en ángulo para evitar brillos. Ajustar tamaño de fuente y contraste reduce el esfuerzo involuntario: no se trata de “aguantar”, sino de configurar el dispositivo para que trabaje a favor de la vista.
La doctora Maldonado resume el enfoque: prevención, control y prudencia. “La vista no se reemplaza; necesita protección y atención”, enfatiza. Por eso, si aparecen síntomas persistentes —sequedad marcada, cefaleas repetidas, visión doble, enrojecimiento que no cede—, no hay que postergar la consulta. El profesional evaluará si corresponde medicación, lágrimas artificiales, ejercicios visuales o la indicación de lentes.
Vivir bien en la era digital no significa renunciar a la tecnología, sino usarla con criterio. Cuidar los ojos es parte del bienestar integral: permite rendir mejor, dormir mejor y disfrutar más. Empezar hoy por un parpadeo consciente, una pausa cada 20 minutos y un ajuste de brillo puede parecer pequeño; sostenido en el tiempo, es lo que evita que el “mal necesario” de las pantallas se convierta en un verdadero problema.


