Política

El 18 de octubre que definió la nueva era del liberalismo

Fabián Chamorro Torres

| Por La Tribuna-
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Juan Gualberto González fue el primer colorado en llegar a la Presidencia de la República. A pesar de su reconocida lealtad a su partido, rompió el molde al nombrar a miembros de la oposición en cargos públicos. Pero las buenas intenciones del mandatario quedaron truncadas con las elecciones legislativas de febrero de 1891. Estos comicios tuvieron el mismo cariz que los anteriores: violencia y fraude. Las votaciones en Ybycuí, Quyquyhó y Mbuyapey terminaron en desbordes de todo tipo: hubo tiroteos, muertos, heridos y la quema de viviendas particulares.

Hechos similares se registraron en otros distritos. Esto terminó convenciendo a los miembros del Centro Democrático (hoy Partido Liberal) de que era inútil pensar en acceder al Congreso o a la primera magistratura por medios democráticos. Los episodios de febrero de 1891 trajeron sus consecuencias.

Tras los sucesos referidos se organizó una revolución contra el Gobierno. Como primera medida, los jefes liberales conformaron un “Comité Revolucionario” integrado por Antonio Taboada (primer presidente de la nucleación), Eduardo Vera, Juan Bautista Rivarola y Pedro Pablo Caballero. Vera, reconocido héroe de guerra, se encargaría de los aprestos bélicos y de dirigir a las tropas rebeldes contra el ejército nacional. Taboada fue elegido jefe civil, quien debería ocupar el Gobierno una vez triunfado el golpe militar.

El plan consistía en capturar el Cuartel de la Escolta Presidencial, que funcionaba en el edificio que posteriormente sería la Escuela Militar (hoy sede del Congreso Nacional), así como los cuarteles de artillería y de infantería. Luego debían apresar a los generales Patricio Escobar y Bernardino Caballero en sus hogares, ambos principales líderes de la Asociación Nacional Republicana. Finalmente, debían intimar la rendición de la comandancia de la Policía para exigir la renuncia del presidente con su gabinete.

Así, el 18 de octubre de 1891, en horas de la tarde, un grupo de ochenta rebeldes, al mando de Vera y de Pastor Cabañas Saguier, se trasladó desde la Capitanía General de Puertos en tres tranvías tirados por caballos para asaltar la Escolta Presidencial. Cayeron por sorpresa, matando a su comandante, el coronel Ángel Ozuna. La primera parte de la misión estaba cumplida. Sin embargo, la fuerza comandada por Pedro Pablo Caballero, que debía tomar desde la bahía el Cuartel de Infantería, no llegó a tiempo.

En la Escolta, un grupo de hombres resistió el impetuoso ataque de Vera. En medio del tiroteo, el jefe atacante cayó muerto por varios disparos en el patio de entrada, al parecer intentando tomar una ametralladora. Algunos autores sostienen que Vera fue abatido por sus propios compañeros que llegaban como refuerzos; otras versiones indican que el jefe rebelde fue muerto por los defensores de la Escolta.

Taboada tomó el mando y trató de reorganizar sus tropas, pero los revolucionarios no pudieron cumplir su plan de operaciones. La llegada del ministro de Guerra y Marina, Juan Bautista Egusquiza, fue fundamental para recuperar definitivamente la Escolta: Egusquiza arribó al lugar y efectuó un exitoso contraataque.

Los demás grupos de acción liberales resultaron intrascendentes en el desarrollo del combate, tras el fracaso en la Escolta. Taboada llegó con una tropa de refuerzo, pero evacuó al notar la vigorosa reacción de los soldados leales al Gobierno.

Taboada, acompañado por Rivarola, Fabio Queirolo, Adolfo Soler, Cecilio Báez, Pedro Pablo Caballero y Daniel Candia, escapó en un vapor hacia Formosa. Además del mayor Eduardo Vera, otra baja importante durante el episodio fue el diputado Juan Machaín, quien murió combatiendo contra los soldados de la Escolta.

Cerca de la medianoche se restableció la calma en la ciudad. Fueron detenidos más de 150 miembros del Centro Democrático. Por disposición del presidente González se los trató con toda consideración; sin embargo, en el interior las autoridades cometieron vejaciones y excesos contra las familias y las propiedades de los opositores.

Al día siguiente, el mandatario decretó el estado de sitio en todo el país por 30 días. Además, se destituyó a numerosos funcionarios públicos que habían tomado parte en el abortado golpe de Estado. Los líderes que lograron escapar obtuvieron asilo en la representación brasileña y, una vez conseguido el salvoconducto del Gobierno paraguayo, viajaron a Argentina a bordo de una cañonera brasileña.

La revuelta del 18 de octubre fue deficientemente planeada. Aún así, casi tuvo éxito y terminó fracasando exclusivamente por la acción decidida de Egusquiza, quien se convirtió, a partir de esa actuación, en el nuevo líder político, siendo promovido a general, jerarquía que por entonces ostentaban solo Bernardino Caballero y Patricio Escobar.

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