Durante el acto celebrado ayer lunes en el Archivo Nacional, destacados exconvencionales constituyentes reflexionaron sobre el impacto histórico y la vigencia de la Carta Magna de 1992.
El exconvencional constituyente Emilio Camacho calificó a la Carta Magna como un gran pacto político, social, económico y cultural que dotó al Paraguay de la mejor Constitución de carácter social de toda América Latina.
Camacho enfatizó que, si bien la ley del derecho es la armonía, este texto civil ha tenido que soportar fuertes embates, conflictos, golpes y quiebres a lo largo de los años. “Nuestra Constitución resistió y rige”, afirmó de manera categórica.
Además, detalló los logros históricos fundamentales que consolidó la normativa de 1992. En primer lugar, aseguró la primera alternancia democrática en la historia de la República; en segundo lugar, dio paso a las primeras elecciones competitivas, libres y democráticas, permitiendo el funcionamiento de los partidos políticos desde la izquierda hasta la derecha sin restricción alguna.
“Es la primera Constitución que no tiene exilio político, no tiene presos políticos ni personas torturadas por el poder político. Ese solo hecho la hace enorme, la hace grande y la hace merecedora de que por ley se la recuerde siempre”, manifestó el jurista, agregando que gracias a ella hoy el país cuenta con una Sala Constitucional que desarrolla el carácter social del derecho.
Camacho instó a los abogados en ejercicio a defender la Constitución en el día a día frente a los abusos de jueces o fiscales, señalando que la responsabilidad legal no es exclusiva de los titulares de los tres poderes del Estado. Asimismo, rindió un emotivo homenaje a la memoria de su maestro en derecho público: Manuel Peña Villamil.
<b>De la caída de Boquerón al Banco Central</b>
A su turno, el exconvencional constituyente José Félix Fernández Estigarribia rememoró el inicio del proceso constituyente evocando las palabras del ensayista Justo Pastor Benítez sobre la Guerra del Chaco.
“El 9 de septiembre de 1932, la historia del Paraguay desembocaba en la caída de Boquerón. Pues bien, el 30 de diciembre de 1991, la historia del Paraguay desembocaba en nuestro Banco Central”, comparó el intelectual.
Fernández Estigarribia recordó el gesto histórico del entonces presidente, general Andrés Rodríguez, quien ante los 198 convencionales y la ciudadanía prometió solemnemente que su gobierno concluiría el 15 de agosto de 1993, cumplimiento que selló la transición.
El legislador describió que el trabajo ininterrumpido de redacción —desarrollado hasta el 20 de junio de 1992— estuvo rodeado de rumores alarmantes y voces discordantes. A pesar de ese clima, se logró reunir la mayoría necesaria para dejar atrás la expresión absolutista del “Estado soy yo” y sustituirla por “el Estado somos nosotros”.
Para consolidar este cambio de paradigma, los constituyentes aprobaron disposiciones que limitaron el poder presidencial, atendiendo a la centralidad que mantiene la institución en América, incrementaron las facultades del Congreso Nacional, incorporaron la trilogía de la Revolución francesa y “aplastaron con un tendal de votos” cualquier intento de restricción a la libertad de expresión, garantizando que la libertad obtenida en febrero de 1989 perdure para siempre.
Mientras que el presidente de la República, Santiago Peña, sumó su visión al destacar el orgullo de visibilizar esta fecha, recordando que tenía apenas 12 años cuando se discutía el texto y solo conocía la dictadura de Alfredo Stroessner por relatos.
El mandatario reconoció que tras el golpe de Estado de 1989, la ciudadanía albergaba tanta esperanza como dudas, concluyendo que la Carta Magna deja enormes enseñanzas: “Hay cosas que han funcionado y cosas que todavía nos quedan por mejorar. Yo soy el primero que siempre digo que estoy insatisfecho porque Paraguay tiene un futuro brillante; el ‘Paraguay gigante’ es un lugar donde todavía no hemos llegado y lo tenemos que construir entre todos”.


