En el marco de la conmemoración del 20 de junio, fecha en que se recuerda la histórica jura, sanción y promulgación de la Constitución Nacional de 1992, el analista político y exsenador Marcelo Duarte brindó un profundo análisis para La Tribuna sobre la vigencia, las tensiones y el valor cívico de nuestra ley fundamental.
En ese contexto, el jurista recordó que el texto nació en un momento complejo, a muy poco tiempo de haber dejado atrás una larga dictadura. Ante ese escenario, la gran esperanza del pueblo paraguayo estaba concentrada en consensuar una Carta Magna que garantizara el sistema democrático, objetivo que se alcanzó tras el amplio debate entre constituyentes opositores y oficialistas.
Al ser consultado sobre si el diseño de control entre los poderes del Estado genera bloqueos en la gobernabilidad, Duarte sostuvo que, si bien este dinamismo puede causar ciertos retardos en las resoluciones, el sistema se va agilizando a medida que la ciudadanía y sus representantes adquieren oficio y llegan a acuerdos.
Recordó que ningún sistema democrático está libre de inconvenientes o entredichos entre el Ejecutivo y el Legislativo, pero enfatizó que la propia Constitución prevé herramientas para resolverlos, como el veto presidencial, que exige mayorías calificadas en el Congreso para ser rechazado, o el recurso de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia.
<b>La imperfección del mejor sistema</b>
El exlegislador señaló que la democracia no es un mecanismo perfecto, pero es el mejor de todos los que existen. Comparó las fricciones constitucionales con los procesos electorales, donde la insatisfacción de algunos sectores es parte de las reglas de juego.
“En las elecciones unos ganan y otros pierden; así también, cuando hay una acción de inconstitucionalidad, algunos quedan satisfechos con el fallo y otros no. No se puede dar el gusto a todos al mismo tiempo, pero hasta ahora el sistema funciona”, explicó.
<b>Una lección cívica para la juventud</b>
En otro momento, Duarte dirigió un mensaje clave a las nuevas generaciones de paraguayos, instándolas a mirar la efectividad de la Carta Magna y el alto costo que significó para el país alcanzar este nivel de institucionalidad.
Destacó de forma categórica que el período iniciado en 1992 representa el proceso democrático más largo y estable de la historia patria.
“Antes, la historia del país era breve porque se interrumpía por golpes de Estado o revoluciones; sin embargo, desde 1992 a esta fecha caminamos sin mayores sobresaltos, teniendo una Constitución que todos respetan”, aseveró el analista.
Finalmente indicó que la democracia es un organismo vivo que establece las reglas de la convivencia pacífica, sentenciando que las cosas deben cambiar únicamente a través de los mecanismos que la propia Constitución habilita y nunca a través de la violencia.


