Un operativo antidrogas permitió desmantelar un foco de distribución que generaba violencia e inseguridad en un barrio de la capital. El trabajo logró sacar de circulación más de medio kilo de cocaína y dos armas de fuego.
La mañana del jueves 29 de enero del 2026 amaneció con un fuerte despliegue antidrogas en el barrio Roberto Luis Petit de Asunción, donde los agentes concretaron un operativo que puso fin al funcionamiento de un peligroso centro de distribución de estupefacientes. Los intervinientes lograron ubicar y allanar una vivienda del barrio que operaba como punto fijo de venta y consumo de drogas, generando constantes episodios de violencia, disturbios e inseguridad para los vecinos.
Con las evidencias reunidas, y bajo orden judicial, los agentes de la Senad ingresaron al inmueble en compañía de la fiscal Pamela Pérez, dando inicio al allanamiento en horas de la mañana. La irrupción fue rápida y controlada, ante el riesgo que representaba el lugar por la posible presencia de armas de fuego.
Como resultado del procedimiento, dos personas fueron detenidas en el sitio, uno de ellos fue identificado como Francisco José Amarilla Arellano, de 25 años, quien cuenta con antecedentes por homicidio doloso y posee prohibición de salida del país, agravando su situación judicial. El segundo aprehendido fue Ronald Evaristo Caballero Vega, de 26 años, quien también quedó a disposición del Ministerio Público.
Durante la inspección minuciosa del domicilio, los antidrogas hallaron una importante cantidad de sustancias ilícitas. En total fueron incautados 503 gramos de cocaína, distribuidos en cinco porciones de gran tamaño, listas para ser fraccionadas y comercializadas al menudeo, además de 91 gramos de marihuana, lo que confirma que la droga estaba destinada a abastecer el mercado local.
El operativo dejó al descubierto el alto nivel de peligrosidad del sitio intervenido cuando los agentes encontraron dos armas de fuego calibre 9 mm, presumiblemente utilizadas para la protección del negocio ilícito y para amedrentar tanto a consumidores como a posibles rivales.
Según los investigadores, la vivienda no solo funcionaba como punto de expendio de drogas, sino también como lugar de concentración de consumidores, lo que convertía al inmueble en un foco permanente de conflictos, violencia y temor para toda la comunidad.









