La ciudad comunera de las Indias, madre de la segunda Buenos Aires, cuna del primer grito de libertad en América, como la describe el gran poeta nacional Eloy Fariña Núñez que evoca “el grande y trunco movimiento Comunero que la tuvo por teatro”, en el presente lustro se ha convertido igualmente en un destino ideal para grandes acontecimientos deportivos internacionales, tanto individuales como polideportivos.
Un nuevo sudamericano escolar, edición número 29, con casi dos mil atletas participantes procedentes de todos los países de la región, albergará la noble y querida capital paraguaya en la primera semana del último mes del año, repitiendo organizaciones similares que ha emprendido repetidamente.
Esta confrontación polideportiva fue la primera que, aun en los últimos tramos de la centuria pasada, pudo emprender nuestra nación —entonces con escasa infraestructura— para cumplir los requerimientos de este tipo de eventos.
En el presente siglo, se han multiplicado estos mismos juegos escolares que volvieron a montarse en cuatro oportunidades (2015, 2019 y 2022, y ahora en 2025) y se agregaron emprendimientos de mucho mayor alcance, como fueron los Panamericanos Junior 2025, los Juegos de Odesur 2022, los Latinoamericanos de Olimpiadas especiales en 2024 y competencias individuales cumbres de diversas disciplinas, como el Rally Mundial realizado este año, las finales de copas de CONMEBOL y resaltantes eventos incluso de nivel ecuménico y continental que, en suma, le han dado al país, a su capital e incluso a ciudades y regiones del país —como Itapúa y Alto Paraná— el reconocimiento de sedes ideales para estas justas.
Ahora la meta y aspiración es la de ganar la elección próxima como sede de los Juegos Olímpicos de la Juventud, que debe celebrarse en el año 2030, en la que tendrá varios ocasionales antagonistas a diferencia de lo que este año fue la pulseada directa con un país vecino y hermano, Brasil, que planteó la doble candidatura nada menos que de la olímpica Río de Janeiro y Niteroi.
Esta vez, aparte de Paraguay, plantearon su nominación como anfitriones los comités olímpicos de países de América (Chile y México) y Asia (Mongolia, Tailandia e Indonesia).
Como ya en esta columna lo mencionamos anteriormente, para realizar eventos de la magnitud de los polideportivos de rango olímpico y estos mismos juegos escolares continentales es imprescindible contar con el trabajo mancomunado de los sectores público y privado, del Estado, en este caso la SND y del Comité Olímpico Nacional, que en Paraguay si han llegado a tan buenos resultados, se debe a la armoniosa tarea conjunta que cumplen.
Se requiere asimismo una administración transparente de los fondos que el gobierno aporta y que los comités organizadores deportivos que representan al área privada, administran y canalizan.
En estos días, duele observar el bochornoso episodio de desatinos organizativos que han experimentado los XX Juegos Bolivarianos en pleno desarrollo en Ayacucho y Lima, Perú. Y hasta se ha advertido que podría afectar otras sedes aún mayores e importantes, como los Panamericanos adultos 2027.
En cambio, el país deportivo todo, encabezado por su metrópoli, Asunción, goza de una especial valoración que a la hora de la decisión de la próxima sede olímpica juvenil nos permite albergar la esperanza de otra resonante victoria directriz paraguaya, como la alcanzada en el presente año frente a un poderoso oponente como Brasil.


