La confianza es un activo frágil, pero se recupera si las señales llegan a tiempo

Por: Daniel Correa (*)

| Por La Tribuna
El indicador de abril rompió su piso estacional histórico, situándose en 40,17 puntos; una señal de alerta que anticipa meses de menor dinamismo en el comercio minorista.

Cada mes, el BCP y el INE realizan una encuesta a 400 familias de la Gran Asunción y preguntan una serie de cuestiones que, en apariencia, parecen simples: cómo está tu situación económica hoy, si creés que va a mejorar en los próximos doce meses, si es un buen momento para comprarte un auto, una moto, un electrodoméstico o una casa. Con esas respuestas se construye el Índice de Confianza al Consumidor, conocido como ICC. Y el dato de abril del 2026 encendió una luz amarilla que vale la pena entender.

El ICC cerró abril en 40,17 puntos, casi 11 puntos por debajo de marzo y casi 10 puntos por debajo de abril del año pasado. Para entender por qué eso importa, hay que saber que el índice tiene una escala de 0 a 100 y que el umbral de 50 es el punto de equilibrio: por encima, los hogares son optimistas; por debajo, son pesimistas. Paraguay lleva varios meses flotando cerca de ese borde, pero en abril lo cruzó hacia abajo con fuerza.

El ICC se construye con dos componentes. El primero es el Índice de Situación Económica (ISE), que mide cómo perciben los hogares su realidad presente. El segundo es el Índice de Expectativas Económicas (IEE), que captura cómo imaginan el futuro a doce meses. En abril, el ISE cayó a 29,33 puntos: casi diez unidades abajo de marzo, y el peor registro reciente. El IEE, en cambio, se sostuvo justo en el umbral: 51,00 puntos. Dicho de otra manera, los hogares paraguayos sienten que el presente es duro, pero todavía no abandonan del todo la esperanza de que las cosas mejoren.

Esa brecha de casi 22 puntos entre el ISE y el IEE es la mayor disonancia que registra la serie reciente. Y dice algo importante: no es que la gente esté desesperanzada, sino que percibe una distancia real y dolorosa entre el hoy y el mañana. Eso, en sí mismo, es una señal de tensión.

Pero donde el informe se vuelve más revelador es en las preguntas sobre bienes durables. El ICC le pregunta a cada familia si cree que este es un buen momento para comprar una casa, un auto, una moto o un electrodoméstico. Esos números son, en cierta forma, el termómetro más honesto del ingreso disponible real.

Los resultados de abril son contundentes: apenas el 6% de los hogares considera que hoy es un buen momento para comprar electrodomésticos. Para autos, motos y viviendas, esa cifra cae al 2,3% en cada categoría. Comparado con diciembre del 2023, cuando los electrodomésticos marcaban 13,5% y los autos y motos superaban el 7%. Estos son mínimos históricos recientes que no pueden explicarse solo por el humor del momento.

Acá aparece una paradoja que vale la pena mencionar. En el mismo período, las importaciones de automóviles crecieron un 48,1% interanual. ¿Cómo puede ser que se importe más autos si nadie quiere comprar? La respuesta es que el consumidor minorista y el empresarial son dos mundos distintos. Las empresas, flotas comerciales y sectores con acceso a crédito corporativo son los que están moviendo ese número. El ciudadano de a pie, el asalariado, el pequeño emprendedor: ese está más moderado, más sensible y expectante. Y cuando el que se queda quieto es ese segmento, el dato del ICC lo va a capturar antes que cualquier otra estadística.

La pregunta honesta es si estamos ante una crisis de confianza estructural o ante un golpe coyuntural. Y la respuesta, por ahora, apunta a lo segundo, aunque con una advertencia.

Hay que tener claro que abril es estructuralmente el mes más bajo del año en el índice de confianza. El propio BCP lo reconoce en su metodología: enero y febrero son meses de expectativas altas, y hay una tendencia natural de convergencia hacia un piso estacional en abril, cuando ya terminó el verano, el aguinaldo se fue y el ritmo de consumo se enfría. Ese patrón es recurrente y esperable.

El problema es que este año ese piso normal se rompió hacia abajo. El promedio de los tres abriles anteriores rondaba los 48 puntos. Este año llegamos a 40,17, es decir, casi 8 puntos por debajo del piso histórico estacional. Eso ya no es solo estacionalidad. Hay algo más.

¿Qué pasó además del ciclo estacional? El cambio de autoridades en el MEF, el anuncio de una “economía de guerra” ante la caída en la recaudación y una sensación generalizada de que nadie tenía del todo claro para dónde iba la política fiscal. A eso se sumó algo que puede sonar contradictorio: el dólar bajó con fuerza –el guaraní se apreció cerca de un 25% interanual– y en vez de tranquilizar, generó más preguntas sobre qué tan sostenible es eso y qué pasa cuando se revierta. Todo junto, en el momento exacto en que se hacía la encuesta. Esas cosas no coinciden por casualidad.

El ICC no debería leerse solo. Para entender si lo que vemos en abril es una turbulencia transitoria o el inicio de un ciclo más largo, conviene correlacionarlo con al menos tres variables clave.

La primera es el tipo de cambio real. Si el guaraní sigue apreciado en términos reales sin mejoras equivalentes en productividad o ingresos, los precios de los bienes importados en moneda local seguirán siendo altos, y la predisposición a comprar durables va a mantenerse baja. La segunda es el mercado laboral: cuando el empleo es estable y los salarios suben en términos reales, la confianza del consumidor tiende a recuperarse incluso en entornos de incertidumbre política. La tercera es la claridad fiscal: el nuevo equipo del MEF tiene sobre la mesa la tarea de reconstruir señales creíbles de estabilidad. Si esas señales llegan con claridad y velocidad, el IEE puede sostenerse y la recuperación puede ser más rápida.

El antecedente del 2025 es útil. Ese año también se registró un doble valle de confianza entre junio y julio, con valores de 47,7 y 47,8 puntos, seguido de una recuperación que tardó cinco meses. Con un piso de partida más bajo en el 2026, la recuperación podría extenderse entre seis y ocho meses, siempre que se despejen las incertidumbres macroeconómicas.

El ICC no es solo una medición de estado de ánimo. Es una señal anticipada de consumo, inversión en bienes durables e intención de endeudamiento. Cuando este índice cae como en abril, los sectores de retail, automotriz, inmobiliario y electrodomésticos lo van a sentir antes de que aparezca en las estadísticas de ventas. Y si se extiende, se va a ver también en el crédito al consumo y en la demanda de empleo.

La confianza es un activo frágil, sí –se construye despacio y se pierde rápido–, pero también se recupera cuando las señales correctas llegan a tiempo.

Por lo menos, así lo veo yo.

(*) Economista y director de DCR Consultora. Profesor universitario.

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