Salud

Mujeres y adultos mayores, los más afectados por la artritis reumatoide

La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune crónica que afecta principalmente las articulaciones y, sin tratamiento oportuno, puede ocasionar discapacidad y comprometer otros órganos. El control temprano y el seguimiento especializado son claves para preservar la calidad de vida.

| Por La Tribuna
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Especialistas recomiendan ejercicio de bajo impacto para conservar la movilidad y fortalecer la musculatura cuando los síntomas están controlados.

La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica en la que el sistema inmunitario ataca por error los tejidos sanos del organismo, especialmente las articulaciones. Esta respuesta provoca inflamación persistente, dolor, hinchazón y rigidez, con riesgo de deterioro progresivo si no recibe tratamiento.

Aunque puede presentarse a cualquier edad, la enfermedad es más frecuente en adultos y afecta con mayor frecuencia a las mujeres. También existen factores que aumentan el riesgo de desarrollarla, como los antecedentes familiares, el tabaquismo, la obesidad y algunas enfermedades de las encías, como la periodontitis, según el Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel (NIAMS, por sus siglas en inglés).

Las articulaciones de las manos, muñecas y pies suelen ser las primeras comprometidas y, en la mayoría de los casos, los síntomas aparecen de forma simétrica; es decir, afectan ambos lados del cuerpo. La rigidez matutina que se prolonga durante más de 30 minutos constituye uno de los signos más característicos.

Además del dolor y la inflamación articular, muchas personas presentan cansancio persistente, pérdida del apetito y episodios de fiebre baja. En algunos pacientes, la enfermedad también puede comprometer órganos como el corazón, los pulmones, los ojos, la piel, los nervios y los vasos sanguíneos.

Los especialistas señalan que la artritis reumatoide suele evolucionar por brotes, períodos en los que los síntomas se intensifican. Estos episodios pueden desencadenarse por factores como el estrés, el exceso de actividad física o la suspensión abrupta de los medicamentos.

Los médicos combinan la evaluación clínica, los antecedentes del paciente, el examen físico, análisis de laboratorio y estudios por imágenes para confirmar la enfermedad y determinar su grado de afectación.

Terapias y hábitos saludables como parte del tratamiento

El tratamiento general busca aliviar el dolor, controlar la inflamación y frenar el daño articular antes de que sea irreversible. Para ello pueden utilizarse medicamentos específicos, además de fisioterapia, terapia ocupacional y, en casos avanzados, cirugía de reemplazo articular. El seguimiento periódico permite ajustar la medicación según la evolución de cada paciente.

Los expertos recomiendan que las personas con artritis reumatoide mantengan hábitos saludables para complementar el tratamiento. Durante los períodos de mayor actividad de la enfermedad es conveniente aumentar el descanso, mientras que cuando los síntomas están controlados el ejercicio de bajo impacto ayuda a conservar la movilidad, fortalecer la musculatura y proteger las articulaciones.

También es importante mantener un peso adecuado, seguir una alimentación equilibrada y consultar al médico ante cualquier cambio en los síntomas. Con un diagnóstico precoz y un tratamiento oportuno, muchas personas logran controlar la enfermedad, reducir las complicaciones y mantener una vida activa.

Dolor crónico puede afectar la salud mental el paciente

La atención de la artritis reumatoide requiere un abordaje multidisciplinario. Además del reumatólogo, pueden intervenir médicos de atención primaria, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, nutricionistas, ortopedistas y profesionales de salud mental, según las necesidades de cada paciente. El objetivo es controlar la enfermedad y minimizar su impacto en las actividades diarias.

Los especialistas también recomiendan prestar atención al bienestar emocional. El dolor crónico y las limitaciones físicas pueden incrementar el estrés, la ansiedad o la depresión, factores que incluso favorecen la aparición de brotes. Mantener una rutina de actividad física adaptada, descansar adecuadamente, seguir una alimentación equilibrada y comunicar cualquier cambio en los síntomas forman parte del manejo integral de la enfermedad.

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