El cardenal paraguayo destacó ante el papa León XIV y los miembros del Colegio Cardenalicio la importancia de la primera encíclica del Pontífice, “Magnifica Humanitas”, como una guía para afrontar los desafíos que plantea la inteligencia artificial, siempre desde la defensa de la dignidad humana y la protección de las personas más vulnerables.
La intervención se realizó el fin de semana durante la segunda jornada del Consistorio Extraordinario celebrado en el Vaticano, donde Martínez señaló que uno de los pasajes de la carta que más lo conmovió fue el número 50, en el que el papa recuerda que “la dignidad de toda persona no depende de sus capacidades, de su condición o de su utilidad, sino que es un don recibido de Dios”.
El cardenal sostuvo que este principio “interpela a toda la Iglesia a mantener siempre a la persona humana en el centro de su misión evangelizadora y a garantizar que la inteligencia artificial permanezca al servicio del ser humano”.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos asociados al uso de estas tecnologías, especialmente cuando pueden derivar en manipulación, explotación, control indebido o nuevas formas de vulnerabilidad que afecten a niños, niñas y adultos en situación de vulnerabilidad. En ese sentido, explicó que la encíclica inspira una auténtica cultura del cuidado como respuesta a estos desafíos.
También destacó otro de los conceptos centrales del documento pontificio como el apartado 114, donde el papa sostiene que “la calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer”, afirmación que, según indicó, constituye un criterio fundamental para orientar el desarrollo tecnológico.
Aconseja el buen uso de la IA
Martínez reconoció que la inteligencia artificial puede generar beneficios extraordinarios en ámbitos como la educación, la salud, la comunicación y la prevención. Sin embargo, insistió en que estas herramientas nunca deben sustituir el discernimiento moral, la responsabilidad humana ni desplazar la centralidad de la persona.
Explicó que su utilización puede contribuir a mejorar los procesos de formación, favorecer la detección temprana de riesgos, crear entornos digitales más seguros y promover una mayor transparencia y responsabilidad institucional. No obstante, remarcó que ninguna innovación tecnológica podrá reemplazar “la cercanía, la escucha, la compasión ni el discernimiento pastoral”.


