Lo que comenzó como un video espontáneo grabado bajo la lluvia terminó convirtiéndose en una de las historias solidarias más conmovedoras de los últimos días.
La imagen de Lino Andrés Silva, un hombre invidente que vendía banderas paraguayas junto a su nieto Néstor sobre la calle Defensores del Chaco casi Ypacaraí, en medio del entusiasmo generado por la clasificación mundialista, permitió visibilizar una realidad marcada por las carencias, pero también por la dignidad, la fe y la perseverancia.
Detrás de aquella escena se encontraba una familia que lucha diariamente para sobrevivir. Don Lino vive en el barrio Villa Bonita de Villa Elisa junto a su esposa Isabel, quien permanece postrada en cama desde hace diez años por problemas de salud. Tienen una hija que trabaja como limpiadora y es el sostén del hogar.
La situación salió a la luz gracias a Susan Sosa, quien observó a Lino trabajando bajo la lluvia días atrás y decidió grabar un video para compartirlo con sus amigos. El material llegó hasta Magalí Benítez, amiga de Susan, e inmediatamente impulsó una campaña solidaria que rápidamente se expandió por redes sociales.
“Él le dijo que trabaja porque necesita sostener a su señora. Estaba vendiendo las banderas para poder comprar pañales”, relató Benítez a La Tribuna.
La realidad de la familia conmovió a cientos de personas. La vivienda carece de comodidades básicas e incluso no cuenta con energía eléctrica. Desde hace años, depende de la ayuda de vecinos y del esfuerzo de su hija, contó Benítez.
Tras la difusión del video, comenzaron a llegar transferencias y mensajes de personas interesadas en colaborar. “Hicimos circular el video en WhatsApp y después lo subimos a redes. Ahí empezó todo”, explicó Magalí.
La respuesta superó todas las expectativas. Donaciones provenientes de distintos puntos del país e incluso del extranjero permitieron reunir recursos para mejorar significativamente las condiciones de vida de la familia.
Equiparon la casa de Lino e Isabel
Con lo recaudado, los voluntarios adquirieron una cama, una heladera, televisor, microondas, una placa eléctrica, ollas, cubiertos, cortinas, almohadas, sábanas, alimentos y productos de limpieza.
“Yo pasé mi número de cuenta y empezaron a donar muchísimas personas. Don Lino es una persona muy creyente y dijo que todos los días le pedía a Dios que aparezca un ángel para ayudarlos”, señaló Magalí refiriendo que más personas se acercaron hasta la vivienda para hacer sus donaciones.
También, los voluntarios apelan a la solidaridad de la ciudadanía para solventar el costo del pedido de instalación de energía a la vivienda.
La emoción de volver a sentarse tras 10 años
Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando Isabel logró incorporarse en una silla de ruedas donada, luego de permanecer inmóvil por una década en una incómoda cama. “Nos donaron una silla de ruedas usada, que le sirve por ahora, pero necesita una nueva para que su movilidad sea mejor. Ella está lúcida y mantiene su capacidad de comunicación”, dijo Benítez.
El grupo coincide en que la experiencia dejó una huella profunda. La fe intacta de don Lino fue uno de los aspectos que más impactó a los voluntarios. El hombre incluso rezó junto a ellos agradeciendo la ayuda impagable.
La historia de la pareja demuestra cómo un gesto aparentemente simple puede desencadenar una ola de solidaridad capaz de transformar vidas. Quienes deseen colaborar con la familia pueden comunicarse con Néstor Silva al número (0972) 505-298.


