Existe evidencia científica sobre el impacto que las pantallas pueden tener en el sueño y el funcionamiento cognitivo, explicó la profesional, la luz azul emitida por los dispositivos electrónicos puede inhibir la secreción de melatonina, hormona vinculada al sueño, retrasando el inicio del descanso y alterando los ciclos normales del organismo.
Según la especialista, un sueño insuficiente puede generar al día siguiente dificultades en la memoria, la atención y la regulación emocional. A esto se suma que el uso simultáneo de múltiples aplicaciones o tareas digitales produce una alternancia constante del foco atencional, lo que puede aumentar los errores, favorecer un procesamiento más superficial de la información y provocar mayor fatiga mental.
Castillo destacó que la tecnología también puede ofrecer beneficios cuando es utilizada con fines educativos y bajo supervisión. Entre ellos mencionó el acceso a plataformas de aprendizaje, herramientas visuales para distintas materias y el desarrollo de habilidades relacionadas con la alfabetización digital.
Respecto al uso de celulares en las escuelas, consideró que las restricciones pueden contribuir a disminuir las distracciones dentro del aula y favorecer la interacción presencial entre los estudiantes durante los recreos. Sin embargo, señaló que la medida no resulta suficiente si no está acompañada de educación digital y de estrategias que enseñen a niños y adolescentes a autorregular el uso de la tecnología.
La psicóloga explicó que, sin pautas claras en el hogar, el tiempo de exposición a las pantallas puede trasladarse e incluso intensificarse fuera del ámbito escolar. Por ello, sostuvo que la participación de las familias es un componente importante para promover hábitos digitales saludables.


