En el calendario de la Iglesia católica, sin dudas, los días de mayor significado para los fieles son los que conforman el Triduo Pascual. Es un tiempo que comienza el Jueves Santo por la noche y no se interrumpe, pues se vive como una única celebración extendida hasta el Sábado de Gloria. Así lo explicó a La Tribuna el padre Rubén Darío Ojeda, rector de la Basílica Santuario Virgen de los Milagros de Caacupé.
“El Jueves Santo, que todavía se considera parte de la Cuaresma”, añadió, al tiempo de explicar que en cada diócesis, las celebraciones están presididas por los obispos, marcando la unidad de la Iglesia en estos días centrales.
Hoy por la tarde es cuando comienza el recorrido espiritual de los fieles con la misa de la Cena del Señor y se conmemora la última cena que tuvo Jesús con sus discípulos antes del día en el que iba a ser crucificado, según indican las escrituras bíblicas.
El lavatorio de los pies
Posteriormente, en esa misma celebración se realiza el lavatorio de los pies, un gesto que grafica la humildad y el servicio que tenía Jesús, quien también lavó los pies a sus discípulos. Para recordar este acto bíblico, son elegidos algunos feligreses y el sacerdote les lava los pies en el altar. “Con esa celebración se inicia todo. Es la más larga del año, porque aunque los fieles se retiren a descansar y vuelvan, en realidad es una sola actividad que termina el Sábado de Gloria”, explica el sacerdote.
Por eso, dice el cura rector, es muy importante que los fieles asistan a su parroquia local para vivir estos tres días como una continuidad.
La última cena antes del ayuno
En paralelo a la liturgia, Paraguay tiene sus propios toques tradicionales profundamente arraigados. Uno de ellos es la recreación de la última cena que hacen muchas familias en sus hogares, compartiendo alimentos sencillos antes del ayuno de Viernes Santo. “Nada debe sobrar. Lo que queda, se comparte. Se reparte entre quienes más necesitan”, dice el padre, y agrega que este acto transmite el espíritu de entrega de Jesús.
Luego de la cena, viene el ayuno más importante para la Iglesia Católica. “El viernes se pide encarecidamente a la feligresía privarnos de ciertos alimentos como la carne, por el dolor de la muerte del Señor. En Paraguay es tradicional consumir chipa y cocido”, comenta el rector de Caacupé.
Tiempo de duelo y silencio
En cuanto a las actividades en los templos el Viernes Santo, todo está caracterizado por el silencio y la contemplación del sufrimiento de Cristo.
“A las 12:00 se hace la recordación de la crucifixión. La Iglesia se basa en que Jesucristo murió a las 15:00, entonces una hora antes, a las 14:00, se meditan sus siete últimas palabras. Luego, la comunidad se reúne para la lectura del relato de la Pasión”, detalla el padre Rubén Darío.
Uno de los gestos de mayor conmoción para los fieles es el Tupaitu, una práctica tradicional que consiste en el descendimiento del Cristo crucificado y su veneración dentro del templo. Los fieles forman filas y besan los pies de Jesús.
Así, con liturgia e ingredientes de tradición, el Jueves y el Viernes Santo son un mismo camino para la fe católica paraguaya. Un camino que, como recuerda el padre Ojeda, solo cobra sentido pleno cuando los fieles acuden a las misas. “Antes las personas caminaban largas distancias para llegar a sus parroquias o catedrales, hoy, hay desentendimiento de estas recordaciones tan importantes. Los viacrucis realizados son una estrategia para atraer a los más jóvenes hacia la fe”, reflexionó finalmente el padre.


