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Preservación de especies nativas y plantas medicinales como prioridad

El Día Mundial de la Vida Silvestre, en su conmemoración 2026, se enfoca en las plantas medicinales y aromáticas. En nuestro país, esta cultura del p…

| Por La Tribuna
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La relación cotidiana con las plantas medicinales, desde un sorbo de tereré hasta los remedios caseros fueron transmitidos por generaciones en nuestro país.

El Día Mundial de la Vida Silvestre, en su conmemoración 2026, se enfoca en las plantas medicinales y aromáticas. En nuestro país, esta cultura del pohã ñana sigue viva y especialista advierte que la conservación de estas especies nativas también es nuestra identidad, conocimiento y oportunidad de desarrollo.

Cada 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Vida Silvestre, fecha que fue proclamada en 1973 como aniversario de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites).

Este año, a nivel mundial se concentra en las plantas medicinales y aromáticas, esenciales para la salud humana, la biodiversidad y los medios de vida de millones de personas.

En Paraguay, el debate tiene su matiz propio. La relación cotidiana con las plantas medicinales, desde un sorbo de tereré hasta los remedios caseros transmitidos por generaciones, nos conecta directamente con el Bosque Atlántico del Alto Paraná, conocido en la tradición Mbyá Guaraní como “tekoha guasu”, comenta para La Tribuna, Urbano Palacios, del Centro Experimental de Recursos Medicinales (CERM). De allí “sale gran parte de la identidad paraguaya”.

“Si desaparece el bosque, desaparece esa identidad”, advierte. Recuerda que especies como la yerba mate no son solo un cultivo, sino “parte de lo que somos”. No crecen en cualquier suelo ni en cualquier clima”.

Paraguay conserva remanentes fragmentados del Bosque Atlántico, uno de los ecosistemas más amenazados de la región. La degradación de hábitats, el avance agrícola y el cambio climático presionan sobre especies nativas. En el caso de las plantas medicinales, el riesgo no es solo biológico, también cultural.

En Itacurubí de la Cordillera, el CERM mantiene un vivero experimental con más de 40 especies medicinales nativas. No se trata solo de guardar semillas en un banco, sino también salvaguardar la práctica viva de cultivar y usar correctamente.

Muchas plantas requieren microclimas específicos y manejo orgánico para conservar sus propiedades. “No es plantar por plantar. Hay que respetar su estación y su entorno”, nos dice Urbano.

El enfoque 2026 también dialoga con la economía

A nivel global, entre 50.000 y 70.000 especies de plantas medicinales y aromáticas se utilizan con fines comerciales. Más del 20% enfrenta algún grado de amenaza. La Organización Mundial de la Salud reconoce que entre el 70% y el 95% de la población en países en desarrollo recurre a la medicina tradicional como atención primaria.

En nuestro país, la cadena de valor aún es incipiente y mayormente informal. Palacios sostiene que existe potencial si se combina ciencia, regulación y conocimiento tradicional. “Hay que ser científicos en esto. Los pueblos indígenas manejan saberes precisos”, afirma.

La conservación también involucra a los polinizadores

El CERM trabaja con abejas nativas sin aguijón, del grupo de las meliponas. “Ellas conocen el territorio, saben qué planta visitar. Producen mieles medicinales excepcionales”, señala. Sin embargo, la introducción histórica de especies foráneas más productivas relegó a muchas abejas locales. “Había más de 400 especies; hoy quedan muchas menos”.

El Día Mundial de la Vida Silvestre 2026 plantea, además, el debate sobre financiamiento innovador para la conservación. El especialista coincide en que la protección no puede limitarse a áreas aisladas. “La cultura se defiende en cada patio, en cada escuela”, insiste. Propone que municipios y el sistema educativo incorporen la enseñanza sistemática sobre plantas nativas y su manejo sostenible.

En un país que se reconoce por su tereré, en la miel de monte y en el conocimiento botánico transmitido oralmente, proteger flora y fauna implica sostener una trama social. “Proteger las plantas es proteger el conocimiento y al pueblo que lo lleva adelante”, resume Palacios.

En Itacurubí de la Cordillera, el CERM mantiene un vivero experimental con más de 40 especies medicinales nativas, donde también se realizan encuentros y tours para conocer y concienciar sobre la preservación.
En Itacurubí de la Cordillera, el CERM mantiene un vivero experimental con más de 40 especies medicinales nativas, donde también se realizan encuentros y tours para conocer y concienciar sobre la preservación.

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