Hong Kong, 28 nov (EFE).- El incendio que arrasó el miércoles el complejo residencial Wang Fuk Court, en el distrito de Tai Po, ha dejado 128 muertos, 79 heridos y unas 200 personas en paradero desconocido y ha reabierto el debate sobre el uso del bambú en la ciudad.
El fuego comenzó en la torre 8 de un conjunto de ocho bloques de 31 plantas, construido en 1984 y habitado por unas 4.600 personas. Según el secretario de Seguridad, Chris Tang Ping-keung, la rápida propagación obedeció al uso de planchas de poliestireno altamente inflamables en las ventanas, que hicieron estallar los cristales y permitieron que las llamas avanzaran con violencia por el interior y el exterior de los edificios.
Los bloques estaban envueltos en andamios de bambú por unas obras de rehabilitación. Informes preliminares del Departamento de Bomberos apuntan a que las redes y lonas plásticas no cumplían la clasificación ignífuga obligatoria y que el conjunto actuó como una chimenea vertical hasta elevar el siniestro a una inusual categoría 5.
Hasta ahora han sido detenidas cinco personas ligadas a la constructora y al estudio de arquitectura responsables de las obras. En un primer momento fueron arrestados tres contratistas por presunto homicidio imprudente y la cifra aumentó a medida que avanzó la investigación, que también ha constatado fallos en las alarmas anti-incendios.
La magnitud de la tragedia ha acelerado decisiones ya sobre la mesa. El Gobierno ordenó inspeccionar las obras que aún emplean andamios de bambú y sustituirlos con rapidez por estructuras de acero galvanizado, en aplicación de la directiva de marzo que exige metal en el 50 % de los nuevos contratos públicos. “La seguridad no admite nostalgia”, resumió el subsecretario principal de Administración, Eric Chan, al anunciar que la ciudad seguirá el camino de Shenzhen, Cantón o Macao, donde las cañas han ido desapareciendo.
Pese al giro oficial, el sector defiende una técnica que considera parte del paisaje urbano. Un arquitecto sostiene que el bambú de Wang Fuk Court tenía sólo cinco meses y que la carga térmica mortal la generaron las redes de polipropileno y el poliestireno expandido de sellado, mientras los gremios reclaman cinco años de transición, formación mixta bambú-acero y certificación obligatoria de todos los plásticos. “El bambú no mató a nadie; lo hicieron la codicia y la falta de control”, resumen. EFE


