La Cámara de Representantes de Estados Unidos dio un paso clave en el caso Jeffrey Epstein al aprobar casi por unanimidad la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein, que obliga al Departamento de Justicia a divulgar los documentos no clasificados del pederasta multimillonario.
EFE/AFP/LaTribuna. La votación refleja la presión de víctimas y legisladores que exigen aclarar qué ocurrió alrededor de la red de abusos sexuales que rodeaba al financiero.
Jeffrey Epstein, magnate y delincuente sexual, se suicidó en su celda en agosto del 2019 antes de enfrentar un juicio federal por tráfico sexual de niñas y mujeres jóvenes. Había sido condenado en el 2008 por solicitación de prostitución, pero logró entonces un polémico acuerdo judicial. Su muerte, declarada oficialmente como suicidio, dejó tras de sí más de 1.000 presuntas víctimas y numerosas dudas sobre la protección que recibió y las conexiones de su círculo.
La nueva ley ordena al Departamento de Justicia publicar expedientes no clasificados que detallan la investigación sobre las operaciones de Epstein y las circunstancias de su muerte en prisión. Sin embargo, el texto concede amplios márgenes de maniobra a las autoridades: el Gobierno podrá retener cualquier información cuya divulgación “ponga en peligro una investigación federal en curso”. Para las víctimas, este matiz alimenta tanto la esperanza de conocer la verdad como el temor a que lo esencial del caso siga oculto.
El debate provocó fisuras dentro del Partido Republicano y obligó a un giro abrupto del presidente Donald Trump. Durante semanas, el mandatario se había resistido a la publicación plena de los archivos, presionando entre bastidores para frenar la iniciativa e incluso prometiendo en campaña una transparencia que matizó al llegar a la Casa Blanca. Pero cuando quedó claro que alrededor de un centenar de legisladores republicanos estaban dispuestos a desafiarlo, Trump “tiró la toalla” y animó públicamente a sus correligionarios a votar a favor.
El cambio de postura también coincidió con una creciente presión mediática y política. La semana anterior salieron a la luz unos 23.000 archivos que incluyen correos de Epstein en los que el financiero sugería que Trump “sabía sobre las chicas” y que incluso pasó horas con una de las víctimas en su casa. Demócratas y miembros del Caucus Hispano sostienen que el presidente no quería aparecer como un “perdedor” en el Congreso y que intenta tomar la iniciativa antes de que el goteo de revelaciones lo alcance de lleno.
Trump niega tajantemente haber tenido conocimiento de los delitos de Epstein y recuerda que no enfrenta ninguna investigación judicial en este caso. Argumenta, además, que rompió su relación con el magnate a principios de los 2000, tras haber sido cercanos en la Nueva York de los años 80. En paralelo, ha exigido investigar a destacadas figuras demócratas vinculadas a Epstein, entre ellas el expresidente Bill Clinton. El caso ha salpicado también a Larry Summers, exsecretario del Tesoro y exrector de Harvard, quien anunció su retirada de la vida pública tras conocerse correos que evidencian una comunicación cercana con el financiero.
Para las víctimas, el viraje del presidente no despeja las dudas. Haley Robson, reclutada con 16 años para dar masajes a Epstein, reconoce que acoge con alivio la votación, pero admite que “no puede evitar ser escéptica” sobre las intenciones reales de Trump. Organizaciones de derechos humanos y abogados de las sobrevivientes insisten en que la única forma de restaurar la confianza es liberar el expediente completo, sin recortes que puedan interpretarse como un nuevo intento de proteger a los poderosos implicados.
El caso ha tenido también consecuencias políticas internas. La congresista ultra Marjorie Taylor Greene, figura del movimiento MAGA, asegura que la ruptura con Trump —quien le retiró su apoyo el sábado anterior a la votación— “se debe a los archivos de Epstein”. La rebelión de un sector republicano dispuesto a priorizar la transparencia frente a la disciplina de partido expone las grietas en el liderazgo del presidente.
Tras la abrumadora aprobación en la Cámara Baja, el proyecto pasa ahora al Senado, donde resultará difícil justificar un rechazo abierto a la transparencia después del voto casi unánime de los representantes. Trump ha prometido no vetar la legislación si llega a su escritorio, un compromiso que, de cumplirse, podría abrir una etapa inédita en la investigación sobre Epstein. Resta ver cuántas respuestas de las más de mil víctimas podrán, por fin, salir a la luz.


