La victoria de Rodrigo Paz según su  comando: escuchar, unir y ejecutar

Rodrigo Paz llegó a la presidencia con una campaña que desafió los manuales y, sobre todo, los límites de una confrontación que desbordó la ética. As…

| Por La Tribuna-

Rodrigo Paz llegó a la presidencia con una campaña que desafió los manuales y, sobre todo, los límites de una confrontación que desbordó la ética. Así lo describen dos voces desde adentro: Percy Burgos, jefe de Comunicación, y el consultor Camilo Severino. El primero subraya el costo social de la “guerra sucia”; el segundo detalla la arquitectura de propuestas y el giro hacia la unidad territorial.

Bolivia ha mostrado otra faceta… estrategias que llegaron a intentar, no importaba cómo, poder hacer un presidente”, advierte Burgos. “Destruyeron familias, dividieron una sociedad… tenemos que pensar hasta dónde debe llegar el límite”. Frente a ese clima, el comando de Paz optó por no responder con el mismo barro: “Sufrimos demasiada guerra sucia… la contrarrestamos no con guerra sucia, sino con propuestas”.

La noche de los resultados fue, para Burgos, el punto de quiebre entre campaña y gobierno: “Ayer… terminó la campaña política”. Desde hoy, insiste, el binomio Paz–Edman Lara está concentrado en “buscar a las personas más idóneas y solucionar los problemas gravísimos que tiene Bolivia”. Las urgencias están nombradas: “Crisis de combustibles” —colas de “tres, cuatro, siete días” para diésel o gasolina—, “falta de dólares” y “violencia… sicariatos”. En paralelo, se propone recomponer confianza para que las empresas no crucen la frontera: “Ustedes que viven en Paraguay saben mejor la migración de empresas bolivianas… Paraguay les está dando seguridad, y esa es la seguridad que no tiene Bolivia”.

La campaña se abrió paso contra el pronóstico. “Al comienzo… lo marginaron los medios”, recuerda Burgos. “Cuando aparecieron encuestas lo colocaban con 2 o 3 por ciento… y lo mantuvieron así”. El equipo decidió medir por su cuenta: “Empezamos a hacer nuestras lecturas en Media Listening y encontramos que iba creciendo Rodrigolas encuestadoras no lo querían ver”. El veredicto final fue doble: “Rodrigo ganó la primera vuelta y ganó la segunda”. La lección para la industria de la medición es clara: menos obsesión por la intención de voto y más escucha del clima emocional.

Camilo Severino traza la diferencia entre estilos: “Hubo una campaña de puro conflicto… las sociedades ya están cansadas”. Paz, en cambio, “hizo una campaña más hacia la unidad y de presentarle soluciones”. Ese enfoque aterriza en diseño institucional: “Rodrigo fue alcalde… entiende la importancia de los departamentos y los municipios”. La propuesta emblema —dice— es “el 50–50”: si un territorio “produce 100 millones, 50 quedan para el Estado y 50 para el departamento”. No es un eslogan: “Sectores como Tarija, Santa Cruz, Sucre sienten el centralismo… producen tanto, pero reciben menos”. Corregir esa brecha, añade, “va a ser la llave para que haya una unidad real”.

El giro también es de método. Sin promesas de “terapia de shock”, Paz prioriza estabilización con señales rápidas: “Lo más importante… no es endeudarse: tiene un verdadero plan para que en corto plazo empiecen a verse soluciones”, sostiene Severino. Entre ellas, el combustible: “Tenemos que garantizar que a partir del 8 de noviembre ya haya”. La ventana es breve, pero deliberada: “Rodrigo ya tiene bastantes cosas adelantadas”.

El costo humano de la polarización dejó cicatrices. Burgos cuenta el caso de “Benjamín, un taxista” que narró por qué “se desenamoró de lo antiguo”. Y relata un episodio de violencia en Santa Cruz: “Sufrimos un ataque vandálico… se nos vino gente encima a atacarnos”. De ahí el compromiso para el nuevo ciclo: “Lo que viene en estos cinco años es limpiar esa guerra sucia de antes y la de esta campaña”.

La comunicación que viene, coinciden, será 360, pero con columna vertebral emocional. “Si tienes buenas redes, pero no tienes un buen mensaje, vas a terminar invirtiendo en nada”, resume Severino. Burgos completa el encuadre democrático: reconocer el resultado, bajar las banderas y gobernar “para todos los bolivianos”. La prioridad política, dicen, es suturar el mapa: occidente y oriente, campo y ciudad, jóvenes hiperconectados y sectores postergados. El instrumento, volver a las bases: territorio, servicio y relato. “La ética, ante todo… debería recuperarse”, insiste Burgos.

Con el reloj corriendo hacia el 8 de noviembre, la consigna que sale del cuartel general es de ejecución inmediata y prudencia estratégica: desactivar cuellos de botella, ordenar cuentas, descentralizar recursos y construir un clima de seguridad jurídica. Si el gobierno concreta esas primeras señales, proyecta Severino, el país podrá transitar del desgaste a la cohesión. Si no, la vieja política —y sus fantasmas— volverá a tocar la puerta. La apuesta de Paz es que la unidad, esta vez, funcione como política pública.

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