Más de 27 millones de ciudadanos están convocados este domingo a las urnas para definir quién gobernará Perú durante los próximos cinco años.
La segunda vuelta presidencial enfrenta a la candidata conservadora Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y al izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, en una contienda que llega sin un favorito claro y con encuestas que muestran un escenario de empate técnico.
La elección se desarrolla en un contexto de fuerte polarización política y de creciente preocupación por la inseguridad, la corrupción y la inestabilidad institucional.
Desde 2016, Perú ha tenido una sucesión de presidentes, destituciones y crisis políticas que deterioraron la confianza ciudadana en las instituciones. Quien resulte electo se convertirá en el décimo presidente peruano en apenas una década.
Dos modelos enfrentados
Fujimori busca llegar por cuarta vez a la presidencia apoyándose en un discurso centrado en la seguridad, el fortalecimiento de la inversión privada y la estabilidad económica. Su candidatura está inevitablemente vinculada al legado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, una figura que divide a la sociedad peruana entre quienes destacan sus políticas contra la insurgencia y quienes cuestionan su autoritarismo y las violaciones a los derechos humanos registradas durante su gobierno.
Sánchez, por su parte, intenta capitalizar el descontento de sectores populares y rurales. Aunque moderó parte de su discurso durante la campaña para atraer al electorado de centro, mantiene propuestas enfocadas en ampliar programas sociales, elevar el salario mínimo y revisar aspectos del modelo político y económico vigente. Además, es identificado como heredero político del expresidente Pedro Castillo, destituido y encarcelado tras su intento de autogolpe en 2022.
Una elección con impacto regional
Analistas internacionales observan la votación peruana como una prueba más de la tendencia política que atraviesa América Latina, donde varios países han experimentado en los últimos años un giro hacia gobiernos de centroderecha y discursos de mano dura frente a la inseguridad.
El resultado de este domingo podría influir en el mapa político regional en vísperas de futuros procesos electorales en países como Brasil y Colombia.
Los primeros resultados oficiales comenzarán a difundirse tras el cierre de las mesas, aunque el conteo total podría prolongarse durante varios días debido a la complejidad del proceso electoral.


