El año lectivo de este año comenzará el 23 de este mes y, con ello, algunos cambios tanto para padres como también para los pequeños que deben volver a la rutina. Especialistas advierten que la adaptación gradual es determinante.
La vuelta a clases instala nuevamente una escena repetida en cada hogar: los cambios de horarios, nuevas rutinas, algunos pasando del inicial al primario, secundario, etc. A esto se suman expectativas en cuanto a profesionales en las aulas, compañeros. En algunos casos, genera estrés tanto en niños como en los adultos.
Lejos de ser un problema aislado, la ansiedad previa al regreso escolar es una reacción frecuente que puede abordarse con organización y contención emocional.
La psicóloga del IPS, Liz Aguiar, señala que uno de los errores más comunes es intentar modificar de manera abrupta los hábitos adquiridos durante las vacaciones. El cuerpo y la mente, explica, necesitan tiempo para adaptarse. Recomienda iniciar varios días antes el ajuste de los horarios de sueño y de comidas, de modo a reducir el impacto del cambio de rutina.
El buen descanso y la anticipación son fundamentales
Dormir bien favorece la concentración, la regulación emocional y el aprendizaje. En ese sentido, se aconseja establecer una hora fija para acostarse, evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir y crear un ambiente tranquilo previo al descanso nocturno.
Otro factor clave es la previsibilidad, ya que la incertidumbre suele aumentar la ansiedad en los niños. Anticipar lo que ocurrirá, hablar del regreso a clases, explicar horarios y actividades contribuyen a generar seguridad. Escuchar lo que sienten, validar sus emociones y transmitir calma resulta más efectivo que minimizar sus preocupaciones.
En lo práctico, organizar mochilas, uniformes y útiles la noche anterior, establecer horarios claros y evitar la sobreexigencia ayuda a disminuir tensiones innecesarias. El inicio de clases no debe plantearse como una carrera, sino como un proceso de adaptación progresiva, donde se valore el esfuerzo más que el rendimiento inmediato.
Aguiar advierte además que el estado emocional de los adultos influye directamente en los niños. Un entorno sereno y paciente facilita la transición. Cuando el estrés o la ansiedad se manifiestan de forma intensa o persistente se recomienda consultar con un profesional de salud mental.
La vuelta a clases puede ser desafiante, pero también una oportunidad para fortalecer la autonomía, la seguridad y el bienestar emocional de los niños si se la aborda con tiempo, empatía y acompañamiento.



