Locales

Anarquía sobre dos ruedas: Total fracaso del control vial (I)

Las motocicletas sin ningún control en Paraguay

| Por Arcano
Agregar La Tribuna en

La radiografía del caos: Un catálogo de infracciones

Basta detenerse cinco minutos en cualquier cruce semafórico para asistir a un despliegue de temeridad que desafía toda lógica de supervivencia. La motocicleta en Asunción opera bajo un código propio. El adelantamiento por la derecha no es una excepción, es la norma. Las veredas, espacios sagrados para el peatón, han sido invadidas por ruedas que buscan ganar tres segundos de ventaja, forzando a los transeúntes a lanzarse al asfalto.

El cruce de semáforos en rojo se ha vuelto una práctica deportiva. Si no hay un vehículo de gran porte bloqueando el paso, el motociclista asume que el color rojo es apenas una sugerencia. Pero lo más desgarrador ocurre en el plano humano: familias enteras —padre, madre y dos niños— apiñadas en un chasis diseñado para dos. Niños sin casco, apenas sujetos a la cintura de un adulto, circulan a centímetros de los paragolpes de colectivos en mal estado. Esta no es solo una infracción de tránsito; es una negligencia social que ocurre a plena luz del día, bajo el sol implacable de los 40 grados.

La 'Ley de la Selva' y el mito de la impunidad

¿Por qué el motociclista ignora la ley con tal desparpajo? La respuesta es sencilla: porque puede. Se ha instalado en el imaginario colectivo una peligrosa percepción de invisibilidad legal. Existe la convicción de que, ante la agilidad de la moto para escabullirse, el brazo de la ley es demasiado lento o, peor aún, está atrofiado.

Esta "Ley de la Selva" se alimenta de un resentimiento social tácito. Para muchos, la motocicleta es la única herramienta para llegar a tiempo a un trabajo que el paupérrimo sistema de transporte público no puede cubrir. Sin embargo, esa necesidad económica se ha pervertido en un salvoconducto para el desorden. El conductor siente que, al ser el eslabón más vulnerable del ecosistema vial, tiene "derecho" a saltarse las reglas para compensar las deficiencias de la ciudad. El resultado es un caos democratizado donde nadie respeta a nadie.

La desidia institucional: Una PMT de brazos caídos

Aquí es donde la indignación ciudadana toca techo. La Policía Municipal de Tránsito (PMT) parece haber renunciado a su rol de autoridad. Su presencia en puntos críticos es, en el mejor de los casos, decorativa y, en el peor, extorsiva. Mientras en los viaductos de Madame Lynch las motos circulan contramano para evitar un retorno, los agentes suelen concentrarse en "operativos" de dudosa finalidad en zonas de baja conflictividad, buscando el error administrativo del conductor dócil en lugar de reprimir la peligrosidad criminal del infractor serial.

La sospecha de corrupción flota en el aire viciado de humo negro. Existe una suerte de pacto de no agresión: la PMT no interviene ante la marea de motos sin chapa o conductores sin habilitación porque la logística de los corralones está colapsada o porque, simplemente, es más fácil mirar hacia otro lado. Esta política de "brazos caídos" ha dejado a la capital a merced del más audaz, convirtiendo la gestión del tráfico en una farsa institucional.

El costo de la negligencia: El Hospital de Trauma como termómetro

Las consecuencias de este descontrol no se quedan en el asfalto; terminan en las salas de cirugía. El Hospital de Trauma (ex Emergencias Médicas) es el testigo mudo y sangriento de esta realidad. Cada fin de semana, el flujo de heridos —en su mayoría jóvenes en edad productiva— desborda las capacidades del Estado.

El costo económico es astronómico. Camas de terapia intensiva, prótesis, cirugías reconstructivas y meses de rehabilitación que son costeados por el contribuyente. No estamos ante accidentes fortuitos; estamos ante incidentes predecibles. El Estado paraguayo gasta millones de dólares anualmente para intentar remendar las vidas que la falta de control vial desgarra a diario. Cada moto que cruza en rojo en Asunción tiene el potencial de convertirse en una nueva deuda pública y en una tragedia familiar irreparable.

En próximas ediciones seguiremos analizando esta problemática que merece atención inmediata de las autoridades no solo en Asunción sino en toda la República del Paraguay, cada dia va en aumento el incumpliemiento de las leyes y los accidentes, dejando como culpables muchas veces a conductores de automóviles, que no tienen cómo evitar este flagelo y deben pagar la inacción de las autoridades

También te puede interesar

Últimas noticias