El Instituto Nacional de Estadística (INE), con apoyo del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), puso en marcha una encuesta piloto destinada a medir por primera vez las pérdidas de alimentos en la agricultura familiar campesina del país.
El relevamiento busca comprender cuánto se pierde y por qué motivos, desde la producción primaria hasta la comercialización, en cuatro rubros de alto consumo: tomate, cebolla, mandioca y banana.
El operativo se desarrolla en distritos considerados emblemáticos para estos cultivos, ubicados en los departamentos de Caaguazú y Central. Las encuestas se aplican directamente a familias agricultoras, con el objetivo de recoger datos que permitan dimensionar con mayor precisión la magnitud de las pérdidas a lo largo de la cadena de valor. La información será clave para orientar políticas públicas orientadas a mejorar la eficiencia y reducir mermas en el sistema agroalimentario.
Un operativo con enfoque territorial y técnico
La encuesta se realiza hasta el 30 de noviembre del 2025 y cuenta con la participación de técnicos de la Dirección de Estadísticas Económicas y Ambientales y de la Dirección General de Innovación Estadística del INE. Los equipos trabajan en campo, observando procesos y registrando información sobre tres momentos de la cadena: la producción en finca, el transporte y el comercio mayorista.
El levantamiento de datos permitirá estimar porcentajes de pérdidas para cada rubro y etapa, lo que servirá como insumo para la elaboración del Índice de Pérdidas de Alimentos (IPDA), indicador relacionado al Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3.1a. Este índice exige medir de manera rigurosa las mermas que se producen en una canasta prioritaria de alimentos desde la poscosecha o sacrificio animal, hasta el almacenamiento, procesamiento y distribución.
Puntos críticos y necesidad de información
La estructura de las cadenas agroalimentarias varía según el tipo de producto y el contexto nacional. Por este motivo, el proyecto optó por trabajar con cadenas específicas que representan distintos desafíos logísticos, climáticos y comerciales. El mapeo de sus eslabones y actores permitirá identificar puntos críticos donde se concentran las mayores pérdidas. Entre estos puntos suelen encontrarse el manejo poscosecha, el transporte, los tiempos de acopio y las condiciones del mercado.
Contar con información fiable es uno de los principales desafíos, ya que hasta ahora Paraguay no cuenta con un sistema consolidado y periódico para medir pérdidas de alimentos. Esta ausencia de datos limita la planificación de políticas públicas y afecta la posibilidad de diseñar estrategias costo-eficientes para reducir mermas, mejorar ingresos de productores y optimizar el abastecimiento interno.
Hacia una estrategia nacional de medición
Con los resultados de la encuesta piloto, el INE y las instituciones aliadas proyectan elaborar una estrategia de medición que establezca los métodos e instrumentos más adecuados para monitorear las pérdidas de alimentos en el país. Entre las herramientas posibles figuran encuestas agropecuarias nacionales, estudios de caso, relevamientos industriales y encuestas en mercados mayoristas.
La meta es construir un sistema sostenible de generación de datos, que permita evaluar tendencias, comparar resultados entre regiones y mostrar de manera clara dónde se producen las pérdidas más significativas. De esta forma, se busca ofrecer evidencia que contribuya a mejorar cadenas, reducir ineficiencias y orientar inversiones públicas.
El proyecto cuenta con el respaldo técnico de la Unidad de Estadística de la FAO y el acompañamiento de su oficina en Paraguay. La articulación entre instituciones nacionales y organismos internacionales busca asegurar que la metodología aplicada se alinee con estándares globales y que los resultados puedan integrarse a los informes oficiales sobre desarrollo sostenible.
Para el sector rural, las pérdidas de alimentos representan no solo un problema económico, sino también un desafío para la seguridad alimentaria. Con este operativo piloto, Paraguay da un paso hacia la construcción de datos que permitan comprender mejor el fenómeno y avanzar en soluciones concretas.




