Durante la maratónica jornada de 28 horas de Teletón se vivieron fuertes emociones. El marcador de donaciones avanzaba lentamente y por momentos, costaba creer que se llegaría a la ansiada meta. Pero hacia las últimas horas, el paraguayo demostró una vez más por qué su solidaridad es reconocida en el mundo. En 2026, más de 1930 familias tendrán la oportunidad de soñar con un futuro mejor.
Horas largas e historias que movilizaron el corazón del pueblo paraguayo. Así se podría describir la edición de Teletón año 2025.
Pasado el mediodía del sábado, el contador avanzaba lentamente, y reflejaba que se había recaudado apenas la mitad de la meta que la fundación se propuso para este año.
Según nos dijo días pasados el director ejecutivo de la entidad solidaria, Víctor Ibarrola, el objetivo era reunir un guaraní por arriba de G. 15.000 millones para continuar ayudando a 1.930 familias, y tener la posibilidad de incluir a más chicos.
La tensión no estuvo ausente, pero pasar por tantas emociones valió la pena. Cerca del final de la transmisión, se superó la meta con un monto de G. 15.785.257.123, para el festejo de todo un país que vio el resultado de su solidaridad.
Ciudadanos de a pie que dieron lo que el bolsillo les permitía, niños que donaron sus alcancías, y grandes empresas que demostraron su responsabilidad con la sociedad. Todos, a su manera, hicieron parte de este logro.
Son muchas las historias de pequeños héroes que obtuvieron gracias a Teletón una oportunidad de tratamiento, pero algunas destacan por la manera en que comunidades enteras se unieron para mejorar la vida de un niño.
Wendy, la niña que unió a una comunidad
Wendy Barrios nació el 28 de julio del 2020 de una familia compuesta por su mamá, Celia Sánchez, y su papá, Wilson Barrios. El matrimonio, que vive en la comunidad de Torín, Juan Eulogio Estigarribia (Caaguazú) siempre hizo enormes sacrificios para dar el sustento a todos sus hijos, pero cuando en el hospital les explicaron que Wendy había nacido con síndrome de Down, se sintieron desorientados.
El pronóstico que les dio la doctora los llenó de impotencia: le dijeron que la niña andaría en silla de ruedas de por vida.
Estaban asustados y la casa se llenó de tristeza. Aunque otras madres quizá no lo dirían, Celia reconoció que al principio sentía vergüenza de sacar a su hija a la calle. No quería que sus vecinos le pregunten por la condición de la niña.
Pero Celia no contaba con que los pobladores, al enterarse del caso, no se dedicarían a rumorear, sino a hallar la forma de ayudarla.
La información llegó a oídos de su vecino, Dionisio Hildebrand, menonita de la colonia Sommerfeld, quien vio el esfuerzo que hacían por sobrevivir en medio de este problema y decidió darles una mano.
“Voy a enviarte un fisioterapeuta a tu casa”, fue la frase directa que lanzó el colono cuando conversó con Celia, y cumplió.
Cada semana, llegaba a la casa una profesional a hacerle a Wendy las primeras terapias. Así fue como la niña hizo los primeros avances.
Después de un tiempo, en la comunidad surgió la idea: “¿por qué no van a Teletón?”
Así lo hicieron, y visitaron el Centro de Rehabilitación Integral de la fundación ubicado en Minga Guazú, Alto Paraná. Tras averiguar, lograron inscribirse y encontraron ayuda de más profesionales.
Desde el día uno en el centro de rehabilitación, Celia vio avances en su pequeña. En cada sesión, la mamá se hacía más experta, pues la terapeuta le enseñaba cómo debía realizar los ejercicios con Wendy en casa. Con mucha creatividad, usando incluso los árboles, Celia entrenaba la movilidad de su hija.
Las visitas al Centro de Rehabilitación eran sacrificadas; iban en moto, madrugando para llegar temprano. Pronto, cuando los vecinos notaron que la mejoría de Wendy era real, comenzaron a ofrecer sus vehículos para trasladarla.
Así, mientras la pequeña superaba la discapacidad física, se ganaba el cariño de toda su comunidad.
Cuando cumplió un año de tratamiento, sus brazos y piernas se hacían más fuertes, y en febrero del 2024, dio sus primeros pasos.
Aquella caminata que al nacer una doctora dijo que sería imposible, se convirtió en unos pasitos apresurados que recorren por toda la casa, para felicidad de sus padres.
El logro de Wendy es el resultado de una comunidad unida, que ayudó sin dudar de acuerdo a sus posibilidades.


