De acuerdo con los datos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), el crecimiento de estas producciones ha sido notorio en los últimos meses. En fincas de apenas media hectárea, algunos agricultores lograron cosechar alrededor de 130 bolsas de 20 kilos de remolacha, mientras que otros ya proyectan obtener hasta 500 kilos de arveja en las próximas semanas. Las cifras, aunque modestas frente a los grandes cultivos, revelan el potencial de diversificación agrícola que se está gestando en esta zona estratégica del país.
El fenómeno no es menor. Durante décadas, Alto Paraná fue sinónimo de granos y agroexportación, pero las condiciones naturales del norte del departamento ofrecen también una ventana ideal para el desarrollo de hortalizas y legumbres. Los técnicos del MAG señalan que los cultivos de invierno, como la arveja, permiten aprovechar mejor los recursos y ofrecer una alternativa rentable para los pequeños productores. En los monitoreos recientes realizados por el Centro de Desarrollo Agropecuario se constató un desarrollo vegetativo óptimo en parcelas de remolacha y cebolla, sin presencia significativa de plagas ni enfermedades, lo que refuerza las expectativas de expansión.
La remolacha, además de su demanda creciente en los mercados locales, representa una oportunidad de valor agregado para el procesamiento de jugos, snacks o productos naturales. En tanto, la arveja se adapta a ciclos cortos de entre 60 y 120 días, una ventaja para rotar cultivos y mantener la fertilidad del suelo. Ambas especies requieren menos superficie y generan ingresos rápidos, lo que se ajusta a la realidad de la agricultura familiar predominante en la zona.
Para los productores, la experiencia ha sido alentadora. “Decidí probar con remolacha en mi parcela de media hectárea y la producción superó todas las expectativas. Es un cultivo que requiere atención, pero la rentabilidad es buena”, comenta un agricultor del norte de Alto Paraná, quien ya planea ampliar su superficie el próximo ciclo. Su testimonio refleja una tendencia creciente: la búsqueda de alternativas más estables frente a los precios variables de los granos tradicionales.
Los técnicos del MAG acompañan este proceso brindando asistencia en preparación de suelo, densidad de siembra y manejo fitosanitario. Su intervención resulta clave para evitar pérdidas y mejorar la productividad, especialmente en comunidades donde la tecnología agrícola aún es limitada. A nivel institucional, el objetivo es claro: fortalecer la agricultura familiar como base del desarrollo rural sostenible, diversificar las fuentes de ingreso y consolidar cadenas cortas de comercialización en ferias locales y regionales.
Sin embargo, el desafío no termina en la producción. La comercialización sigue siendo un punto crítico. El transporte, la conservación en frío y la presentación del producto son factores determinantes para ingresar a mercados exigentes. Los agricultores también enfrentan dificultades para acceder a semillas certificadas e insumos de calidad, aunque el acompañamiento técnico busca reducir esas brechas. En este contexto, la articulación entre el sector público y privado será fundamental para garantizar que el crecimiento de estos nuevos rubros se traduzca en beneficios concretos para las familias rurales.
El norte de Alto Paraná, tradicionalmente vinculado a la agricultura mecanizada de exportación, empieza así a mostrar otra faceta: la de una región capaz de combinar productividad, innovación y sostenibilidad. La incorporación de cultivos como la remolacha y la arveja no solo diversifica la economía agrícola, sino que también promueve un uso más equilibrado de la tierra, fomenta el empleo rural y contribuye a la seguridad alimentaria local.
Este nuevo impulso productivo refleja un cambio de mentalidad en el campo paraguayo. Ya no se trata únicamente de medir rendimientos por toneladas de soja o maíz, sino de valorar la diversidad, la resiliencia y el potencial de cada hectárea. Con el acompañamiento adecuado, la remolacha y la arveja pueden dejar de ser cultivos experimentales para convertirse en pilares de una nueva etapa del desarrollo agrícola en Alto Paraná Norte, donde cada surco sembrado es también una apuesta por un futuro más diverso y sostenible.


