Sociedad

El fenómeno “perrihijo”: sustitución parental y el negocio de la soledad

El descenso de la natalidad y el aumento récord de mascotas en los hogares urbanos consolidaron la transición hacia las familias multiespecie. Para analizar este cambio de paradigma, la psicóloga Lorena Armoa profundizó en las causas socioeconómicas y las consecuencias emocionales de humanizar a los animales de compañía.

| Por La Tribuna
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Advierten que humanizar a las mascotas puede generar aislamiento y maltrato animal.

La profesional explicó que la sustitución de la paternidad responde a una adaptación pragmática frente a la falta de condiciones materiales para la crianza humana. Detalló que la dificultad para acceder a una vivienda, la precariedad laboral y los altos costos de educación y salud convirtieron a los perros en una alternativa financieramente manejable.

Asimismo, señaló que postergar la paternidad en pos de la estabilidad profesional crea un vacío emocional que muchas parejas y solteros buscan llenar sin asumir el compromiso de criar a un niño.

Lejos de ser una moda pasajera, Armoa afirmó que se trata de una profunda evolución antropológica y jurídica, donde el animal dejó de ser propiedad para convertirse en un “miembro sintiente”. Sin embargo, advirtió sobre los riesgos psicológicos de esta dinámica.

La especialista indicó que volcar toda la atención en un perro funciona frecuentemente como un mecanismo de aislamiento frente a la complejidad de las relaciones humanas. Al utilizar a la mascota como un “refugio relacional”, explicó que se reduce la ansiedad inmediata, pero se atrofian las habilidades sociales del individuo.

Al abordar el límite de la antropomorfización, la psicóloga fue categórica. Advirtió que tratar a un perro como a un bebé humano cruza la línea hacia el maltrato cuando las necesidades afectivas o estéticas del dueño anulan la biología de la especie. Al despojar al animal de su identidad para obligarlo a comportarse como un niño, detalló que se generan graves disfunciones conductuales crónicas, frustración y estrés.

Por otro lado, Armoa analizó el papel de la industria en este fenómeno. Aseguró que el mercado institucionalizó esta dinámica a través del marketing emocional, transformando la culpa y la soledad en un nicho de consumo masivo que dictamina que el amor hacia la mascota se mide mediante el poder adquisitivo.

Sobre la pérdida de estos animales, la terapeuta concluyó que el duelo está clínicamente validado y puede igualar el dolor de perder a un pariente, pero lamentó que la sociedad aún no esté preparada para ofrecer el acompañamiento necesario, manteniendo este sufrimiento fuertemente estigmatizado.

Tips para no humanizar a tu mascota

1. Fomenta sus instintos naturales

Déjalo ser perro: Durante los paseos, permite que huela el pasto, los árboles e incluso la orina de otros perros. El olfato es su principal forma de leer el mundo.

Evita los carritos: A menos que tu perro tenga un problema de movilidad, una edad muy avanzada o una condición médica específica, debe caminar con sus propias patas. Llevarlo en brazos o en cochecitos por capricho estético atrofia sus músculos y fomenta la inseguridad.

2. Ropa solo por necesidad, no por moda

Abrigo funcional: Está perfecto ponerle un chaleco si es de una raza friolera (como un galgo o un chihuahua) o si el clima es extremo.

Evita disfraces: Ponerle zapatos, tutús, gorros o ropa ajustada que limita su movimiento o cubre sus orejas y cola (vitales para su comunicación con otros perros) le genera un estrés innecesario.

3. Comunícate en su idioma, no en el tuyo

Órdenes claras, no discursos: Tu perro no entiende de moralidad ni de explicaciones largas. Si muerde un zapato, decirle “¿por qué me haces esto si yo te compro juguetes?” no sirve de nada. Usa comandos cortos y firmes como un “No” o “Deja”, y prémialo cuando haga lo correcto.

No proyectes emociones humanas: Esa mirada de “culpabilidad” cuando rompe algo no es culpa; es miedo o sumisión porque nota tu lenguaje corporal alterado. Los perros viven en el presente.

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