El especialista señaló que hablar muy fuerte o gritar puede convertirse en un problema cuando genera malestar, conflictos o sufrimiento en quienes forman parte del entorno. Existen situaciones en las que elevar la voz puede afectar la convivencia familiar, laboral o social, especialmente cuando se vuelve una forma habitual de comunicación.
Chávez indicó que no siempre los gritos responden a una misma causa, en algunos casos pueden aparecer en momentos de enojo, frustración o desesperación, mientras que en otros forman parte de una manera aprendida de relacionarse con los demás. También señaló que algunas personas utilizan el volumen de la voz para intentar hacerse escuchar o conseguir que otros actúen de determinada manera.
El psicólogo explicó que, en muchas ocasiones, cuando una persona recurre constantemente al grito es porque siente que las palabras por sí solas no están teniendo el efecto que espera. En esos casos, el aumento del volumen busca reemplazar todo eso que no se logra transmitir mediante el diálogo o la argumentación.
Respecto a la posibilidad de controlar mejor el volumen de la voz, Chávez sostuvo que es importante desarrollar formas de comunicación más conscientes, prestando atención a cómo se expresa un mensaje y al efecto que produce en los demás. Según indicó, identificar los momentos en que aparece la necesidad de gritar puede ayudar a construir interacciones más respetuosas y efectivas.
Hablar con firmeza no implica necesariamente elevar la voz. La comunicación clara y respetuosa permite expresar desacuerdos, establecer límites y transmitir ideas sin necesidad de recurrir a gritos o tonos que puedan ser percibidos como agresivos.


