Sociedad

Ortorexia: cuando comer sano se convierte en una peligrosa obsesión

La preocupación por mantener una dieta saludable derivó en las últimas décadas en un trastorno alimentario silencioso y destructivo. Denominada ortorexia nerviosa, esta condición se define como la obsesión patológica por consumir exclusivamente alimentos considerados puros, naturales o limpios.

| Por La Tribuna
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Profesionales de la salud advierten que el retraso en el diagnóstico agrava el deterioro físico de los pacientes.

El médico estadounidense Steven Bratman acuñó el término por primera vez a finales de los años noventa para describir esta fijación. Especialistas en nutrición clínica y psiquiatría explicaron que, a diferencia de trastornos como la anorexia o la bulimia, donde el foco central radica en la cantidad de comida y el miedo al aumento de peso, el paciente con ortorexia centra su angustia y compulsión en la calidad extrema de los ingredientes que ingiere.

La progresión de la enfermedad resulta gradual, pero implacable. Los nutricionistas señalaron que el cuadro suele comenzar con la eliminación voluntaria de alimentos procesados y azúcares, una decisión respaldada por la medicina preventiva.

Sin embargo, advirtieron que el comportamiento rápidamente escala hacia la supresión irracional de grupos nutricionales enteros, como carbohidratos, lácteos o grasas esenciales. Esta restricción extrema culmina frecuentemente en diagnósticos de desnutrición, deficiencias vitamínicas, anemia y alteraciones del sistema inmunológico, destruyendo la salud física que el individuo intentaba blindar.

En el ámbito psicológico y social, el impacto es igualmente devastador. Terapeutas especializados en conducta alimentaria detallaron que los afectados invierten una cantidad desproporcionada de horas diarias en planificar, adquirir y preparar sus menús. Los psicólogos indicaron que esto desencadena aislamiento social, ya que la persona evita sistemáticamente restaurantes, cenas familiares o eventos públicos por temor a consumir alimentos que no cumplan con sus rígidos estándares de pureza.

Aunque los manuales diagnósticos internacionales, como el DSM-5, aún no la clasifican como una patología independiente, la comunidad científica internacional la aborda de manera activa en las consultas debido al aumento exponencial de casos ligados a la desinformación en redes sociales.

Los médicos concluyeron que la recuperación exige un abordaje multidisciplinar, combinando la psicoterapia para desactivar los patrones obsesivo-compulsivos y la intervención nutricional para restaurar una relación equilibrada, flexible y verdaderamente sana con la alimentación.

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