El psicólogo clínico Diego Acuña explicó que no se trata simplemente de estar solo, sino de sentir una falta de conexión significativa con los demás. Incluso alguien rodeado de personas puede experimentar esta sensación de aislamiento que, con el tiempo, puede repercutir en la salud mental, aumentando el riesgo de ansiedad, depresión, estrés y una disminución del bienestar emocional.
Según el profesional, las redes sociales facilitan el contacto con otras personas, pero no siempre logran generar vínculos profundos y auténticos. Además, enfatizó que la comparación constante con la vida que otros muestran en internet puede provocar sentimientos de insuficiencia, exclusión o dificultad para establecer relaciones genuinas.
Señaló que los adultos mayores son uno de los grupos más afectados por esta problemática. La pérdida de seres queridos, la jubilación, la reducción de actividades sociales y los problemas de movilidad suelen contribuir al aislamiento. A esto indicó, se le suman los cambios en la dinámica familiar, como la independencia de los hijos o la disminución de los encuentros familiares, situaciones que pueden hacer que muchas personas mayores sientan que perdieron protagonismo dentro de su entorno.
El aislamiento suele instalarse de forma gradual. Entre las señales de alerta mencionó la pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras, sentimientos frecuentes de tristeza o vacío, alteraciones en el sueño y el apetito, irritabilidad y una menor comunicación con familiares y amigos. Cuando estos cambios persisten y afectan la vida cotidiana, es importante prestar atención y buscar ayuda.
Advirtió que la soledad prolongada también puede deteriorar la autoestima, muchas personas comienzan a sentirse poco valoradas, excluidas o desconectadas de quienes las rodean. Asimismo, señaló que esto puede aumentar los niveles de ansiedad, especialmente en situaciones sociales, debido al miedo al rechazo o a las dificultades para crear nuevos vínculos. Si esta situación se mantiene en el tiempo, pueden aparecer síntomas depresivos como tristeza persistente, falta de motivación y pérdida de interés en actividades diarias.
El profesional insistió en la importancia de mantener las relaciones ya existentes, participar en actividades comunitarias y priorizar los encuentros presenciales, que favorecen conexiones más auténticas. También sostuvo que el acompañamiento psicológico puede ser de gran ayuda cuando existen dificultades persistentes para relacionarse con los demás.
Para prevenir y combatir este problema, el psicólogo recomendó buscar espacios donde compartir intereses y experiencias con otras personas. Además, consideró fundamental fortalecer las habilidades de comunicación, especialmente la escucha activa y la expresión adecuada de las emociones. Para el especialista, la calidad de los vínculos es mucho más importante que la cantidad de contactos.
La prevención de la soledad no deseada es una responsabilidad compartida:
- La familia debe mantener el contacto y brindar apoyo emocional.
- La comunidad puede generar espacios de encuentro e integración.
- Las instituciones educativas, sanitarias, laborales y sociales tienen la posibilidad de impulsar programas que detecten situaciones de aislamiento y promuevan redes de apoyo.
El trabajo conjunto entre estos actores es clave para construir entornos más conectados, inclusivos y saludables.


