La idea de que la sexualidad pertenece exclusivamente a la juventud continúa presente en distintos ámbitos sociales. Según explicó el especialista, este prejuicio lleva a muchas personas a asumir que el deseo sexual desaparece con el paso de los años, una creencia que no coincide con lo observado en la práctica clínica ni con la evidencia científica.
La sexualidad no desaparece después de los 50 años, sino que atraviesa cambios y procesos de adaptación. Indicó que las personas mayores continúan necesitando afecto, contacto físico, intimidad y conexión emocional, aunque estas experiencias puedan manifestarse de manera distinta a etapas anteriores de la vida.
Quintana explicó que el envejecimiento trae consigo modificaciones fisiológicas normales. En las mujeres, la menopausia puede producir menor lubricación vaginal, cambios en la elasticidad de los tejidos, molestias durante las relaciones sexuales y variaciones en el deseo. En los hombres, pueden presentarse erecciones menos rápidas, mayor tiempo para alcanzar la excitación y períodos de recuperación más prolongados entre encuentros sexuales.
Respecto a la andropausia, el profesional indicó que se trata de un proceso gradual asociado a una disminución progresiva de testosterona en algunos hombres. No obstante, aclaró que factores como enfermedades crónicas, medicamentos, estrés, conflictos de pareja y aspectos psicológicos también pueden influir en el deseo sexual y no deben atribuirse únicamente a cambios hormonales.
El sexólogo destacó que muchas dificultades sexuales que suelen relacionarse con la edad tienen un importante componente emocional. La ansiedad, la depresión, el miedo al rechazo, la pérdida de confianza y las preocupaciones vinculadas a la imagen corporal pueden afectar la vida sexual y generar interpretaciones erróneas sobre los cambios propios del envejecimiento.
Asimismo, señaló que la adaptación es un aspecto importante durante esta etapa. Según explicó, las parejas que logran comunicarse abiertamente, expresar sus necesidades y comprender los cambios físicos suelen encontrar nuevas formas de intimidad y mantener una vida sexual satisfactoria.
Quintana también resaltó que la satisfacción sexual no depende exclusivamente de la frecuencia de las relaciones. Afirmó que la calidad del vínculo, la confianza, la complicidad y la cercanía emocional son factores que influyen de manera significativa en el bienestar sexual de las personas.
La salud sexual forma parte de la calidad de vida y hay que comprender mejor los cambios asociados al envejecimiento. En ese sentido, el deseo, el placer y la necesidad de intimidad continúan formando parte de la experiencia humana a lo largo de toda la vida.


