Las conversaciones cotidianas esconden dinámicas de comunicación complejas que, a menudo, desgastan los vínculos personales sin que los hablantes lo noten de forma consciente. Una de las conductas más comunes en la actualidad recibió finalmente un nombre técnico: boomerasking.
El concepto surge de la combinación de las palabras boomerang, porque la pregunta regresa a quien la formula, y asking, preguntar, en inglés, y fue desarrollado por Alison Wood Brooks, profesora de psicología en la Harvard Business School, en un estudio publicado por la American Psychological Association.
Esta conducta ocurre cuando un individuo realiza una pregunta con la aparente intención de conocer la opinión o vivencia de su interlocutor pero, en realidad, su único objetivo es construir una excusa para hablar de sí mismo. Quienes emplean esta estrategia buscan simular empatía e interés por los demás, aunque su prioridad real se centra en monopolizar el diálogo y relatar sus propias experiencias.
En su investigación, la profesora Brooks distinguió tres variantes específicas de estas preguntas capciosas, a las que denominó boomerasks. La primera es el “ask-bragging” o preguntar para presumir, donde se plantea una cuestión y, tras recibir la respuesta del interlocutor, a la cual se le presta mínima atención, se aprovecha el espacio para compartir un logro o aspecto positivo personal. Un ejemplo clásico es interrogar al otro sobre sus actividades del fin de semana con el único fin de presumir los planes propios.
La segunda variante es el “ask-complaining” o preguntar para quejarse, donde el impulso es opuesto, ya que la intención de quien interroga es desahogar una mala experiencia. La persona puede consultar al otro sobre cómo pasó sus vacaciones de invierno solo para encadenar el relato de cómo las suyas se cancelaron debido al mal tiempo.
La tercera es el “ask-sharing”, que consiste en preguntar para compartir algo neutral, planteando una duda con el propósito de introducir un dato personal carente de relevancia para el contexto general de la charla, como cuando se consulta al interlocutor si recordó lo que soñó la noche anterior únicamente para proceder a narrar el propio sueño.
El análisis de la especialista determinó que los boomeraskers suelen creer de forma errónea que su metodología los convierte en seres cercanos, amables y receptivos. Sin embargo, los resultados del estudio revelaron que los receptores perciben estas interacciones como gestos poco sinceros, egocéntricos e interesados. Lejos de estrechar lazos o generar confianza, esta práctica produce un distanciamiento afectivo, haciendo que la contraparte se sienta ignorada, invalidada o utilizada como un simple instrumento de validación.
Para corregir este hábito conversacional, los expertos en comunicación recomendaron aplicar de manera estricta la escucha activa. Esto implica silenciar el diálogo interno sobre lo que uno desea responder y concentrar la atención exclusivamente en el relato ajeno. Asimismo, sugirieron realizar preguntas de seguimiento que permitan profundizar en los detalles ofrecidos por el interlocutor, asegurándose siempre de que las intervenciones nazcan de un interés genuino hacia la experiencia de la otra persona.


