Sociedad

¿Perdonaste, pero desconfías? Cómo sanar de verdad tras una infidelidad

Aunque algunas parejas eligen continuar juntas después de una infidelidad, el perdón no siempre implica una recuperación real de la confianza. La psicóloga Nancy Torales explicó cuáles son las consecuencias emocionales que pueden aparecer cuando la herida no sana y qué se necesita para reconstruir genuinamente la relación.

| Por La Tribuna
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El verdadero desafío después de una infidelidad es reconstruir la relación con hechos y no con promesas.

La infidelidad es una de las situaciones que más impacto genera dentro de una relación de pareja. Más allá del acto en sí, sus consecuencias pueden extenderse durante años y afectar la confianza, la estabilidad emocional y la autoestima de quienes la atraviesan. Según explicó la psicóloga Nancy Torales, muchas personas afirman haber perdonado una infidelidad, pero en la práctica continúan cargando con las heridas emocionales que dejó la traición.

La especialista señaló que una infidelidad no suele ser un hecho aislado, sino una decisión que puede estar relacionada con carencias emocionales o afectivas que no fueron dialogadas dentro de la pareja. Cuando estas necesidades permanecen ocultas o sin resolver, la dinámica relacional comienza a deteriorarse hasta que surge una oportunidad que desemboca en el acto de infidelidad.

Torales explicó que el principal daño se produce en el plano psicológico y relacional, ya que se quiebran pilares fundamentales como la confianza, la lealtad, la sensación de seguridad dentro del vínculo, y, a partir de ese momento, la relación entra en una etapa marcada por dudas, inseguridades y cuestionamientos.

La profesional indicó que muchas personas deciden perdonar por distintos motivos, entre ellos heridas emocionales de la infancia, problemas de autoestima, necesidad de afecto o la esperanza de que la otra persona cambie. Pero advirtió que cuando la pareja retoma la relación sin trabajar las causas profundas que llevaron a la infidelidad, el perdón suele quedarse únicamente en las palabras.

En esos casos, la confianza no se reconstruye completamente y aparecen conductas que reflejan el daño emocional no resuelto. Entre ellas, la desconfianza constante durante las ausencias de la pareja, la revisión frecuente del teléfono celular o de sus pertenencias, la necesidad de controlar sus actividades y una sensación permanente de inquietud.

Respecto al perdón, Torales aclaró que se trata de una decisión personal que puede tomarse en un momento determinado, pero que no significa que el daño desaparezca automáticamente. Según indicó, el verdadero proceso de recuperación requiere una etapa posterior de restitución, donde la persona que cometió la infidelidad demuestre con hechos concretos, compromiso y coherencia su intención de reparar la confianza perdida.

La especialista destacó que el perdón auténtico no se construye únicamente con promesas, sino con cambios sostenidos en el tiempo. Para que una relación pueda fortalecerse nuevamente, ambas partes deben trabajar en la reconstrucción del vínculo, abordar las causas que originaron la crisis y desarrollar nuevas formas de comunicación y compromiso.

Perdonar no implica olvidar ni minimizar el dolor que se sufrió, se debe reconocer la herida, procesar y evaluar si existen condiciones reales para reconstruir la relación. A través de un proceso consciente y acompañado de acciones reales para transformar el perdón en una oportunidad de crecimiento y no en una fuente permanente de sufrimiento.

RECONSTRUIR LA PAREJA

LA FALSA ALARMA

El perdón de palabra: decir “te perdono” para evitar el conflicto no sana la herida; si las causas profundas no se trabajan, la traición sigue doliendo.

LAS CONSECUENCIAS

El círculo del control: cuando la confianza no se recuperó realmente, aparecen conductas como la revisión del celular, la sospecha constante y la ansiedad en cada ausencia.

EL VERDADERO PROCESO

Restitución con hechos: las promesas no bastan. Quien cometió la infidelidad debe demostrar un cambio sostenido, coherencia y un compromiso real a lo largo del tiempo.

LA REGLA DE ORO

Aceptar el proceso: perdonar no es olvidar ni minimizar el dolor. Implica reconocer la herida y evaluar con madurez si existen condiciones reales para volver a apostar por el vínculo.

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