La psicóloga Magalí Jure Wolf explicó que para entender este fenómeno es necesario observar el proceso evolutivo y madurativo de cada persona. Durante la infancia y la adolescencia, gran parte de la identidad se construye a partir de los modelos más cercanos, como padres, abuelos, tíos, docentes y compañeros. Según indicó, muchas decisiones importantes, entre ellas la elección de una carrera profesional, suelen tomarse con base en las experiencias y referencias adquiridas durante esos primeros años.
La especialista señaló que, al llegar a los 24 o 25 años, muchas personas finalizan sus estudios universitarios y comienzan a ejercer una profesión. Es entonces cuando se produce un verdadero encuentro con la vida adulta y con realidades diferentes a las conocidas hasta ese momento. En ese contexto surgen preguntas como: “¿esto es realmente lo que quiero hacer?”, “¿quién soy?”, “¿qué quiero para mi futuro?” o “¿por qué siento que otros avanzan más rápido que yo?”.
Una de las características más frecuentes de esta etapa es la comparación constante con otras personas. Destacó que, ver a amigos o conocidos que parecen haber alcanzado estabilidad laboral, formar una familia o cumplir determinados objetivos puede aumentar la sensación de estar atrasado o de no haber logrado lo suficiente. Sin embargo, advirtió que cada persona tiene tiempos, procesos y desafíos distintos.
También explicó que estas inquietudes no solo están relacionadas con el desarrollo personal, sino con los mandatos culturales y sociales que indican qué debería haberse conseguido antes de determinada edad. Estas presiones pueden generar frustración, ansiedad y sentimientos de estancamiento en diferentes áreas de la vida.
Ante estas situaciones, Jure Wolf recomendó detenerse a evaluar qué se está sintiendo y cómo se está viviendo el día a día. Señaló que es normal dedicar un tiempo a reflexionar y cuestionarse, pero que también es importante buscar soluciones y alternativas cuando esos pensamientos se vuelven repetitivos o afectan el bienestar.
Asimismo, remarcó que cambiar de profesión, modificar proyectos o replantear objetivos no representa un fracaso. Por el contrario, puede ser una señal de crecimiento y de una mejor comprensión de la propia identidad. También sugirió apoyarse en personas de confianza que puedan aportar una mirada objetiva y ayudar a reconocer habilidades, intereses y fortalezas.
Subrayó la importancia de buscar acompañamiento profesional cuando las respuestas no aparecen o el malestar comienza a afectar aspectos cotidianos como el sueño, la alimentación o el estado de ánimo. Según explicó, acudir a un psicólogo no significa necesariamente que exista un problema grave, sino que puede ser una herramienta preventiva para transitar los cambios, fortalecer la autoestima y construir una vida más acorde a las propias necesidades y deseos.


