Existe una diferencia importante entre alguien perfeccionista y una persona que desarrolla una necesidad constante e irrefrenable de mantener el orden, explicó la psicóloga Stella Agüero. Según detalló, la línea que separa ambos casos está marcada por el nivel de sufrimiento y la rigidez que experimenta la persona cuando las cosas no están en el lugar que considera correcto.
Agüero sostuvo que, en los casos más intensos, aparece una necesidad permanente de controlar el ambiente, lo que termina afectando la calidad de vida. Explicó que detrás de la urgencia por limpiar o acomodar suelen existir emociones como ansiedad, miedo o incluso sensaciones relacionadas con la contaminación, acompañadas de pensamientos intrusivos y repetitivos.
La especialista señaló que algunas personas encuentran en la limpieza y el orden una forma de recuperar la sensación de control frente a situaciones de estrés o dificultades emocionales. Explicó que, al tratarse de un entorno manipulable y predecible, el espacio físico se convierte en un lugar donde la persona siente que al menos puede manejar algo de lo que ocurre a su alrededor.
Añadió que cuando alguien se ve impedido de mantener ese orden estricto pueden aparecer síntomas psicológicos y físicos importantes. Entre ellos mencionó ansiedad, irritabilidad, desesperación, pensamientos repetitivos, tensión muscular, dificultad para relajarse e incluso aumento de la frecuencia cardíaca.
La profesional aclaró que este nivel de malestar suele presentarse con mayor intensidad en personas con trastorno obsesivo compulsivo (TOC), donde la necesidad de ordenar o limpiar deja de ser una preferencia y pasa a convertirse en una conducta difícil de controlar.
Agüero indicó que la sociedad muchas veces refuerza este tipo de comportamientos al asociar el orden y la limpieza con responsabilidad, disciplina o éxito personal. En ese contexto, explicó que algunas personas reciben reconocimiento constante por ser extremadamente organizadas, sin que el entorno perciba el sufrimiento que existe detrás de esa necesidad permanente de control.
También advirtió que estas conductas pueden alterar la convivencia familiar. Señaló que el problema aparece cuando el hogar deja de ser un espacio compartido y pasa a funcionar bajo una tensión constante vinculada al control de la limpieza y el orden.
Explicó que, en algunos casos, los demás integrantes de la familia terminan actuando condicionados por el temor a generar enojo o malestar en la persona que necesita mantener todo bajo ciertas reglas.
La psicóloga afirmó que existen distintos factores que pueden influir en el desarrollo de estas conductas, entre ellos rasgos de personalidad, factores biológicos, estilos cognitivos, baja tolerancia a la incertidumbre o experiencias de crianza rígidas. Aclaró que no existe una única causa y que se trata de fenómenos multifactoriales.
Respecto al tratamiento, la especialista explicó que en el espacio terapéutico se trabajan estrategias de regulación emocional y técnicas para modificar los pensamientos asociados a la necesidad de control. Para los casos de trastorno obsesivo compulsivo (TOC), destacó la efectividad de protocolos respaldados científicamente, como la técnica de exposición y prevención de respuesta (EPR), remarcando la importancia de un abordaje conjunto con psiquiatría si el cuadro requiere soporte farmacológico.
Autoevaluación: ¿de dónde nace tu necesidad de ordenar?
Antes de volver a acomodar tus cosas, hacete esta pregunta fundamental:
-¿Lo hago por elección? (para disfrutar de mi espacio limpio).
-¿O lo hago por obligación interna? (porque ver algo fuera de lugar me genera ansiedad o irritabilidad).
Cuando el orden deja de ser una preferencia y se vuelve la única forma de calmar tu mente es momento de encender las alarmas y buscar apoyo profesional.


