Dietas restrictivas, productos “milagrosos”, cuerpos editados y estándares imposibles de alcanzar forman parte del contenido que hoy consumen miles de personas a diario en redes sociales. Para la nutricionista, esta exposición constante está haciendo que la extrema delgadez vuelva a verse como algo normal e incluso deseable.
Explicó que los concursos de belleza históricamente instalaron la idea de que la apariencia física debía ocupar un lugar central y que alcanzar ciertos estándares estéticos era algo natural dentro de ese ambiente. Sin embargo, señaló que actualmente las redes sociales potencian aún más esa presión mediante publicidades de tratamientos rápidos, procedimientos estéticos y productos para adelgazar que, muchas veces, se promocionan sin información clara ni respaldo profesional.
El problema se agrava porque gran parte del contenido que circula está editado con filtros, inteligencia artificial y herramientas digitales que crean una imagen irreal del cuerpo. “Los adolescentes y jóvenes son quienes más terminan afectados, porque están construyendo su identidad y empiezan a compararse constantemente”, señaló.
Advirtió que intentar alcanzar esos ideales puede desencadenar inseguridad, frustración y baja autoestima cuando las personas no logran ver resultados inmediatos. En muchos casos, explicó, empiezan las restricciones extremas, el miedo a comer y una relación poco saludable con la alimentación.
Entre las señales de alerta más frecuentes mencionó la obsesión constante con el peso, las dietas excesivamente restrictivas, el conteo exagerado de calorías y evitar reuniones sociales por miedo a comer o subir de peso. “La persona termina relacionando directamente su autoestima con el número de la balanza”, refirió.
También alertó sobre las consecuencias físicas que pueden provocar estas conductas, entre ellas se encuentran la anemia, caída del cabello, debilitamiento muscular, problemas óseos y deficiencias nutricionales. Además, recordó que las dietas extremas pueden derivar en trastornos alimenticios como anorexia y bulimia, especialmente cuando se realizan sin supervisión profesional.
Para Ocampos existe una diferencia clara entre buscar hábitos saludables y desarrollar una obsesión con bajar de peso. Mientras un objetivo sano apunta al bienestar físico, emocional e integral, una conducta obsesiva busca resultados rápidos “a costa de lo que sea”, incluso poniendo en riesgo la salud.
Insistió en la importancia de entender que cada cuerpo es diferente y que la salud no depende únicamente de verse delgado. También destacó la necesidad de acompañamiento nutricional y psicológico, ya que este tipo de problemas no solo afectan la alimentación, sino también la salud mental y emocional. “Lo importante es construir hábitos sostenibles que no dañen ni física ni emocionalmente y dejar de compararse con imágenes irreales”, concluyó.
Las señales de alerta de una relación poco saludable con la alimentación:
- Sentir culpa después de comer.
- Contar calorías de forma obsesiva.
- Compararse constantemente con cuerpos que aparecen en redes sociales.
- Vivir pendiente del número de la balanza.
- Buscar resultados rápidos sin pensar en las consecuencias.


