Durante una semana, diseñadores, modelos, estilistas y creativos participaron de desfiles y actividades que tuvieron como eje la evolución de la moda texana y su diálogo con las tendencias globales contemporáneas.
Uno de los aspectos más destacados de esta edición fue la presencia de colecciones que fusionaron elementos característicos del estilo texano con influencias internacionales. Sobre la pasarela se observaron prendas inspiradas en la estética del oeste estadounidense, con referencias a la sastrería vaquera, botas, flecos, denim y detalles artesanales, combinadas con siluetas modernas, cortes urbanos y propuestas vinculadas a las tendencias que actualmente dominan las principales capitales de la moda.
Los diseñadores apostaron por una imagen que mantuvo la identidad regional mientras incorporó conceptos de movimiento, versatilidad y audacia presentes en el mercado global.


