Opinión

Reglas claras valen mucho más que las promesas económicas de turno

Por: César Addario Soljancic.

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Cada punto porcentual ahorrado en intereses de la deuda se traduce en recursos reales para infraestructura vial, fluvial, hospitales y escuelas de calidad para las familias paraguayas.

En esta nueva entrega de la serie “Candados constitucionales para la estabilidad fiscal en Paraguay”, la penúltima, abordaremos hoy un tema decisivo: la estrategia para convertir la propuesta en realidad.

Los candados constitucionales no se aprobarán solos. Requieren una amplia y sólida base de apoyo nacional. Construir consenso no es un detalle; es la clave del éxito. Nuestra patria ha visto muchas buenas ideas naufragar por falta de respaldo ciudadano y político. Esta vez debe ser diferente. La enmienda económica propuesta en estos artículos que busca limitar la deuda, imponer reglas fiscales estrictas y blindar derechos económicos necesita convertirse en una causa nacional, por encima de banderas partidarias.

El objetivo es claro: lograr que la mayoría de los paraguayos entienda que estos candados no son una restricción, sino la mejor garantía de prosperidad futura. El primer paso es una campaña educativa masiva y transparente sobre los beneficios concretos. Los ciudadanos deben saber que, con estos candados, los intereses que paga nuestra nación por la deuda bajarían de forma significativa.

Cada punto menos en la tasa de interés representa cientos de miles de millones de guaraníes que podrían destinarse a energía limpia, infraestructura vial y fluvial, hospitales modernos y escuelas de calidad. No se trata de teoría económica: es plata real que dejaría de irse en pago de intereses para invertirse en el bienestar de las familias paraguayas.

Debemos explicar con lenguaje sencillo que la estabilidad fiscal atrae inversión, genera empleo formal y permite crecer sin miedo a crisis recurrentes. Una campaña bien diseñada —a través de medios tradicionales, redes sociales, foros departamentales y materiales audiovisuales— puede llegar a todos los sectores: desde el productor rural hasta el profesional urbano, desde el joven emprendedor hasta el jubilado.

El mensaje central debe ser honesto y esperanzador: “Estos candados protegen tu futuro y el de tus hijos”. El segundo pilar es construir alianzas amplias y creíbles. Economistas de distintas corrientes, empresarios de todos los tamaños, gremios productivos, organizaciones de la sociedad civil, universidades y think tanks deben sumarse. No se trata de un proyecto de un solo sector. Es una alianza nacional por la estabilidad. Cuando la Cámara de Comercio, la Federación de la Producción, la Asociación Rural, académicos de la UNA y la UCA, y líderes juveniles hablen con una sola voz, el mensaje gana legitimidad y fuerza.

Especial énfasis merece destacar ejemplos exitosos como Chile. Ese país, con una regla fiscal estructural inscrita en su institucionalidad, logró reducir drásticamente su vulnerabilidad a los ciclos del cobre, acumuló reservas soberanas y mantuvo una de las mejores calificaciones crediticias de América Latina. A pesar de sus problemas políticos recientes, Chile sigue siendo prueba viva de que reglas claras generan confianza y crecimiento sostenido.

Nuestra nación, con mayores ventajas comparativas en energía y producción de alimentos, podría obtener resultados aún más notables. También podemos aprender de Alemania y su “freno de deuda” constitucional, o de Estonia, que con disciplina fiscal pasó de ser una exrepública soviética a una de las economías más digitales y prósperas de Europa.

Estos ejemplos demuestran que los candados no son ideología de derecha o izquierda: son buenas prácticas de gobernanza moderna. El tercer elemento clave es enfocar el debate en el legado, no en el partidismo.

Esta enmienda no debe presentarse como victoria de un gobierno o un partido, sino como un regalo de nuestra generación a las venideras. Se trata de dejar una Constitución que proteja a nuestra patria de la tentación recurrente del gasto descontrolado. Se trata de romper el ciclo de “gobernar con plata ajena” y construir un país donde los hijos y nietos hereden estabilidad en lugar de deudas.

Los líderes políticos, especialmente los que aspiran a trascender en la historia, tienen aquí una oportunidad histórica. Aquellos que apoyen esta reforma podrán decir con orgullo: “Durante mi gestión ayudamos a blindar el futuro económico de nuestra nación”.

El consenso debe ser multipartidario. La comisión que redacte el texto final debería incluir representantes de diferentes fuerzas políticas, garantizando que el proyecto no sea percibido como excluyente. La estrategia de aprobación debe combinar varios frentes simultáneos: Debate técnico serio en el Congreso con audiencias públicas. Consulta ciudadana amplia en los 17 departamentos con una campaña mediática sostenida y el diálogo permanente con gobernadores, intendentes y líderes sociales. No hay atajos. Construir consenso nacional toma tiempo y esfuerzo, pero es el único camino que asegura que la reforma sea duradera y respetada por todos los gobiernos futuros.

Imaginemos el momento en que estos candados sean aprobados. Ese día no celebraremos un triunfo político, sino un triunfo de nuestra patria. Celebraremos que, por fin, nuestra nación decidió madurar institucionalmente y poner límites al cortoplacismo. Celebraremos que elegimos prosperidad predecible por encima de promesas fáciles. Nuestra tierra tiene todo lo necesario para dar el salto: recursos, gente trabajadora, ubicación privilegiada y una juventud llena de potencial. Solo falta la voluntad colectiva de modernizar las reglas del juego. Los candados constitucionales son esa modernización.

Llegó la hora de pasar del diagnóstico a la acción concreta. Economistas, empresarios, líderes sociales, jóvenes y ciudadanos de buena voluntad unámonos en esta causa. Exijamos a nuestros representantes que dejen de lado las diferencias menores y se concentren en lo que realmente importa que es entregar a las próximas generaciones un Paraguay más estable, más próspero y con mayores oportunidades. El consenso nacional no es solo posible. Es imprescindible. Y está al alcance de nuestra mano si actuamos con visión de Estado y patriotismo genuino. Nuestra patria lo merece.

(*) Economista, analista de La Tribuna y asesor económico del presidente de El Salvador Nayib Bukele. https://cesaraddario.com/

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