Opinión

Los nuevos señores del algoritmo

Durante décadas, las amenazas a la democracia parecían venir de golpes militares o caudillos populistas. Sin embargo, el siglo XXI alumbra un fenómeno más sofisticado: ya no son hombres con uniformes, sino con servidores, plataformas digitales y miles de millones de dólares.

| Por Nahuel Ayala
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En los últimos años ganó notoriedad una corriente en EE.UU. llamada neorreacción o NRx. Sus referentes, Curtis Yarvin y Nick Land, comparten una idea: la democracia liberal es ineficiente e incapaz de resolver los grandes problemas. Su propuesta es radical: sociedades dirigidas por élites tecnológicas donde el Estado funcione como una empresa y los ciudadanos sean clientes. Aunque minoritaria, esta corriente tiene eco en Silicon Valley, donde ven la política tradicional como un estorbo para un mundo gobernado por la inteligencia artificial y la automatización.

¿Qué tiene que ver esto con Paraguay? Más de lo que creemos.

Como una de las democracias más jóvenes de la región, salimos de una dictadura hace tres décadas y aún construimos instituciones. El desencanto ciudadano con la corrupción y la burocracia genera una peligrosa tentación: pensar que la democracia es el problema. Cada vez se escucha más que “el país debería manejarse como una empresa” o que “necesitamos un gerente”. Son frases de sentido común que contienen los presupuestos del pensamiento neorreaccionario.

La IA acelerará esto. Si los algoritmos deciden qué leemos o compramos, el poder ya no estará solo en los gobiernos, sino en quienes controlan la infraestructura digital. Para un país pequeño como Paraguay, esto es un desafío enorme. Dependemos de plataformas extranjeras para informarnos y trabajar; la soberanía ya no pasa solo por fronteras físicas, sino por no ser simples consumidores de decisiones ajenas.

La neorreacción no será un partido político aquí, pero sus ideas se filtran: el desprecio institucional, la exaltación del hombre fuerte y la creencia de que la eficiencia vale más que la representación. Las democracias no solo mueren por la fuerza; también se debilitan cuando los ciudadanos dejan de creer en ellas.

En tiempos donde los señores del algoritmo prometen soluciones rápidas, Paraguay debe recordar una lección aprendida con dolor: ningún genio empresarial reemplaza el valor de una sociedad libre con derecho a decidir su propio destino.

Nahuel Ayala

Gerente editorial de VMedia.

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