En Tacuaró, sobre la ruta Juan Emiliano O’Leary, se erige la Granja Avícola López, un testimonio de que el esfuerzo y la unión familiar son motores de cambio. Al frente está Bilma Vázquez de López, una mujer que decidió dar un giro a la economía de su hogar. Hace tres años, la familia se dedicaba a la olería, un trabajo pesado que dejaba pocas ganancias y demandaba demasiados gastos.
Buscando un horizonte próspero, Bilma y su marido probaron suerte con la avicultura. “La olería ya no dejaba ganancia”, recuerda. Empezaron con apenas 150 gallinas. Lo que parecía un experimento pronto se convirtió en el pilar de su hogar. Hoy, la granja es un esfuerzo conjunto donde participan su marido, sus hijos y su nuera. Este cambio trajo gran estabilidad. “Ganamos la tranquilidad de trabajar en casa y en familia”, reflexiona. Atrás quedaron los días de lidiar con personal externo; el esfuerzo familiar se traduce en ingresos diarios que dan sustento y paz mental. Su rutina arranca temprano: a las 7:00 ya están en pie, y a las 8:00 juntan y limpian los huevos, mientras por la tarde se dedican a la alimentación.
El poder del financiamiento y el crecimiento constante
El salto de 150 gallinas al volumen actual no fue magia, sino resultado de una visión respaldada por el Crédito Agrícola de Habilitación (CAH). A través del programa Jepytaso Mujer, Bilma encontró el apoyo financiero necesario. “Necesitamos plata toda junta para preparar galpones, insumos y vacunas... por eso sacamos el crédito”, explica.
Tras cancelar su primer préstamo, lo que le generó una enorme alegría, solicitaron un segundo y ahora transitan el tercero. Este financiamiento progresivo permitió pasar de las 150 aves iniciales a 600, luego 900, hasta llegar a las 1.600 gallinas actuales, demostrando una administración impecable y tenaz.
Los resultados son asombrosos: la granja produce unos 1.400 huevos por día, clasificados en tres medidas. Abastecen a supermercados, despensas y vecinos de la zona. Pero la ambición no se detiene. Ya preparan las instalaciones para adquirir 1.000 pollitas más y rozar las 2.600 aves. Además, sueñan con comprar un camión para reparto, pues el auto familiar que usan hoy empieza a quedar pequeño ante el creciente volumen de su producción.
El dulce complemento y un mensaje inspirador para las mujeres
La creatividad de Bilma la llevó a desarrollar una segunda vía de ingresos que hace sinergia con la avicultura: la pastelería. Aprovechando la frescura de los huevos que ellos mismos producen, elabora tortas por pedido para cumpleaños. “Salen excelentes los pasteles con los huevos de la granja”, comenta con inmenso orgullo.
Esta fusión de negocios pronto tendrá un espacio físico propio. Con las ganancias obtenidas, están construyendo un salón comercial frente a su casa, muy cerca de la ruta, para vender sus dulces y maples de huevos directamente a los viajeros. Es la cristalización de años de esfuerzo y la prueba de que diversificar rinde frutos.
La historia de Bilma refleja el impacto del acceso al crédito en el desarrollo de las familias rurales del Paraguay. Al mirar el camino recorrido desde la época de la olería, envía un mensaje poderoso a las mujeres emprendedoras que aún dudan: “Que se animen, porque con esfuerzo podemos lograrlo. Se puede, trabajando en familia y procurando despacito”, sentencia, dejando claro que dar el primer paso es vital para transformar la realidad.
La palabra del día
“Visión”
Definición: Capacidad de ver más allá de la situación actual y proyectar el futuro de manera estratégica.
El concepto de visión ilustra perfectamente el camino de Bilma. Ella supo ver en 150 gallinas el inicio de un gran negocio y en sus propios huevos, el insumo ideal para su pastelería. Apoyada en el crédito y el trabajo en familia, su clara visión transformó la dura etapa de la olería en una realidad de crecimiento constante, construyendo un futuro lleno de nuevas oportunidades.


