La pasión por el deporte rey suele nacer en los barrios, pero en el curioso caso de Mateo Godoy, fue una solución a la energía inagotable de su infancia. A sus 21 años, el joven mediocampista prepara sus maletas con destino a la Universidad de Cumberland, en Kentucky, Estados Unidos. Su historia es un testimonio de resiliencia y voluntad de triunfar ante las adversidades.
El romance de Mateo con el fútbol comenzó a los cinco años. “Empecé a jugar porque en el colegio le dijeron a mi mamá que era hiperactivo”, recuerda con una sonrisa. Lo que fue una terapia para canalizar su energía infantil, pronto se transformó en vocación. Con los años, le tomó un profundo amor al deporte, impulsado siempre por su familia, quienes lo apoyaron incondicionalmente en cada paso de su incipiente carrera, convirtiéndose en su principal y más grande motor.
Un recorrido forjado en el crisol de la adversidad
Su formación es un mapa del competitivo fútbol paraguayo. Inició en el fútbol de salón en Sport Ju’i, pasó por la Escuela América, y saltó a clubes de peso como Olimpia, Sol de América, General Díaz y Nacional. Sin embargo, el camino rara vez está libre de obstáculos. Hace cuatro años, estuvo a punto de emigrar, pero una severa lesión en la rodilla detuvo sus planes. Lejos de entregarse a la derrota, utilizó el revés como combustible. “Esta sería mi segunda vez de intentar el viaje. Estuve muy cerca, pero tuve esa lesión y nada, ahora estamos acá”, relata, demostrando que las segundas oportunidades son para quienes no dejan de intentar.
La oportunidad soñada llegó a través de un masivo showcase, que Mateo describe como “una locura” por su grandiosa infraestructura. Tras un primer día complejo por la rigidez muscular de un parate previo, la magia fluyó progresivamente en la cancha. Fue al finalizar la tercera y extenuante jornada cuando el coach Paulo, de la Universidad de Cumberland, se le acercó. “Vino a contarme cómo podía ayudar al equipo. Llega un punto en que parece que no es real, es una sensación increíble, emocionado, nervioso”, confiesa Godoy, aún maravillado.
Cuatro años de Psicología y deporte de la mano
El compromiso de Mateo con su futuro no se limita de ninguna manera solo al césped. A fines de este mismo mes de julio, deberá presentarse oficialmente en la Universidad de Cumberland para iniciar una etapa académica que durará cuatro largos y enriquecedores años. Allí estudiará la carrera de Psicología, con una meta supremamente definida: especializarse en Psicología Deportiva. Como atleta que ha experimentado en carne propia las duras presiones, la profunda frustración de las lesiones y la asfixiante exigencia de la competencia, comprende la vital importancia de la salud mental. Su gran objetivo es fusionar su amor por el fútbol con el estudio científico de la mente, para ser mañana un indispensable pilar de apoyo emocional para otros deportistas.
Aceptar esta beca integral implica también un doloroso desarraigo. “Fácil creo que nunca va a ser, porque te alejás de tu familia, dejás muchas cosas atrás”, reflexiona con mucha madurez. Mateo nunca ha vivido fuera de Paraguay, lo que añade el mayúsculo desafío de adaptarse a una cultura totalmente nueva. No obstante, tiene su visión muy bien enfocada en el horizonte: “Buscar nuevos desafíos, la vida estudiantil, tener un título en EE.UU. siempre pesa más. Siempre y cuando sea para crecimiento, está bien”, afirma con absoluta convicción.
Un mensaje para los soñadores
Antes de partir a fines de julio hacia su nueva y prometedora vida, Mateo deja una huella inmensa y un mensaje profundamente inspirador para los jóvenes: “Tenés que animarte. Es algo increíble. Sea o no que termines siendo profesional, la experiencia es invaluable”. Su historia demuestra que las limitaciones solo existen en la mente y que pelear vale cada lágrima. Su consejo final retumba en el aire: “Que se animen, que intenten y dejen de tener miedo; que peleen por sus sueños y que tarden en darse por vencidos”.
La palabra del día
“Audacia”
Definición: Capacidad de emprender acciones inusuales sin temer a las dificultades o al riesgo.
La audacia refleja perfectamente la actitud de Mateo Godoy. Tras superar una lesión, eligió vencer el miedo al desarraigo para estudiar Psicología y jugar en EE.UU. Su testimonio invita a otros jóvenes a intentarlo: atreverse a dejar la zona de confort es el impulso vital para conquistar nuestros sueños más grandes.


