El Alto Paraguay resguarda en sus entrañas historias de profunda resistencia, una de ellas es la de Jazmín Cecilia Balbuena Escobar. A sus 21 años, ostenta el grado de vicesargento primero técnico dentro de la Fuerza Aérea Paraguaya (FAP). Para entender la magnitud de sus alas, es imprescindible volver la mirada a sus raíces: la comunidad de Puerto Diana, en Bahía Negra. Desde este rincón, separado por unos 950 kilómetros de Asunción, Jazmín tomó la determinación más difícil de su vida a los 17 años. Con el corazón apretado por la nostalgia, pero encendido por un anhelo de infancia, subió a un colectivo rumbo a una nueva vida, dejando atrás el cobijo de su familia y la familiaridad de su comunidad yshir chamacoco. “Fue muy difícil dejar a mi familia… pero este era el sueño que yo quería desde muy chica”, rememora con la certeza de que el desarraigo fue el primer gran tributo de su vocación.
Forjar el destino entre el cuidado y el estudio
La llegada al departamento Central no fue fácil ni sencilla. Sin garantías económicas ni apoyo inicial, Jazmín tuvo que inventarse las oportunidades. Encontró sustento trabajando como niñera en Capiatá, cuidando a un niño a cambio de la posibilidad de terminar sus estudios secundarios en el colegio Stella Maris. Aunque inicialmente pensó en estudiar farmacia, su destino cambió al observar el uniforme militar, sintiendo una atracción magnética que redefinía sus metas. El anhelo de portar esas insignias con dignidad se volvió una idea fija: el uniforme militar le generaba una fascinación, siempre quiso usarlo y este fue el motor que la impulsó a desafiar las estadísticas de exclusión. Dejó todo en su comunidad, subió a un colectivo con rumbo hacia una nueva vida con la promesa de volver, pero ya con la carrera soñada, relata sobre aquellos tiempos donde el sacrificio diario era su única moneda de cambio para alcanzar el mañana.
El bautismo del aire y el valor ante el vacío
La postulación a la FAP fue el siguiente muro. Jazmín aprobó los severos exámenes psicotécnicos y las demandantes pruebas físicas. Reconociendo su procedencia indígena, la institución obvió los exámenes teóricos, otorgándole una oportunidad que ella honró con creces. No obstante, el verdadero desafío de su temple llegó con la instrucción de paracaidismo, convirtiéndose en la primera paracaidista de su etnia. Lanzarse al vacío demandó un sacrificio físico y psicológico descomunal. Confiesa que fue una experiencia muy difícil, pero con mucho esfuerzo pudo lograr su objetivo. Aquellos instantes frente a la puerta abierta del avión, sintió miedo, pero el coraje fue mayor, no estaba dispuesta a tirar por la borda todo el sacrificio previo. En esos segundos, donde el pánico amenazaba con paralizarla, el recuerdo de haber trabajado de niñera actuó como un impulso indestructible para saltar, controlando sus propios temores.
Un mensaje de igualdad y la mirada puesta en el futuro
Hoy, su cotidianidad transcurre con la estricta disciplina castrense. Su jornada arranca a las 6:30 con la formación oficial y la asignación de funciones técnicas. En las tareas diarias, las responsabilidades no entienden de géneros. Pero su ambición no se detiene en los logros alcanzados; Jazmín ya proyecta sus próximos horizontes: “Me gustaría capacitarme más en el ámbito militar, y claro, si se me da la oportunidad de irme al extranjero a realizar cursos y capacitaciones en el ámbito militar”. La joven que voló alto desde el Chaco para abrir las puertas del cielo a su pueblo, afirma que si su historia sirve de inspiración para que alguien dé hoy un paso más hacia sus sueños, entonces todo su esfuerzo habrá valido la pena.
La palabra del día
Perseverancia
Definición: Firmeza y constancia en la manera de ser o de obrar para alcanzar un propósito, a pesar de las dificultades o los obstáculos.
El concepto de perseverancia describe la trayectoria de Jazmín Balbuena. La suma de su firme convicción infantil más los inmensos sacrificios personales —como el desarraigo de su lejana Bahía Negra y el trabajar como niñera para poder estudiar— no solo dio como resultado que alcanzara su sueño de vestir el uniforme, sino que se multiplicó en un hito institucional. Su constancia la convirtió en la primera mujer de la etnia yshir chamacoco en integrar la Fuerza Aérea Paraguaya, transformando su logro individual en un mensaje de inspiración y en un camino abierto para otras jóvenes indígenas.


