Hay personas que caminan por la vida con una brújula distinta, una que no apunta hacia el éxito individual, sino hacia el bienestar del otro. Agostina, una joven de 20 años, ha logrado algo que muchos consideran difícil en la era de la distracción, que es movilizar a toda una comunidad.
Agostina Welti Arrom, una joven que actualmente cursa el tercer año de Fonoaudiología y el segundo de Marketing, es el motor de un movimiento que está transformando la realidad de cientos de paraguayos.
Desde los 12 años, ha sido voluntaria de Operación Sonrisa, una experiencia que le permitió entender, desde muy temprana edad, que las necesidades urgentes requieren respuestas colectivas. Tras años de realizar colectas individuales y participar en más de 20 programas quirúrgicos, en el 2025 decidió dar un salto de fe. Así nació “Colecta Solidaria Paraguay”, un proyecto que busca unir voluntades para que se convierta en una red de contención gigante.
Agostina organizó dos campañas a gran escala y una intervención especial para animales. En febrero, su amor por los seres sintientes la llevó a organizar una donación de alimentos para perros y gatitos destinada a Polki Squad. Luego, entre junio y julio, lideró la campaña de invierno, logrando recolectar más de 3.200 artículos entre ropas y mantas. Actualmente, comienza el 2026 con el mismo ímpetu, organizando las entregas de la campaña de Navidad, que reunió juguetes, alimentos y ropas que llegarán a sus destinos en estas primeras semanas de enero.
A través de su cuenta de Instagram, @colectasolidariapy, ha creado un puente de transparencia y cercanía con sus más de 500 seguidores. Su estrategia incluye instalaciones de “boxes solidarios” en puntos estratégicos como el Curda Rugby, Roshka Py, la Panadería La Negrita y diversas universidades. Esta joven, que además es profesora superior de danza clásica y jazz, entiende que para movilizar a otros hay que estar donde la gente está.
En el garaje de su casa, convertido en un centro logístico de amor, Agostina pasa horas incansables junto a su familia, sus padres Pablo y Stella, su hermano Juanpi, y amigos cercanos, clasificando cada donación. “Ayudar no es dar lo que sobra, sino compartir lo que puede hacer la diferencia en la vida de alguien más”, afirma con una convicción que desarma cualquier escepticismo. Las donaciones han llegado a lugares donde la esperanza a veces flaquea, entre ellas, la comunidad indígena Ava Guaraní en Itá, la escuela 21 de Abril en Caaguazú, los hogares Santo Domingo y Guadalupe, y el barrio Cateura, entre otros.
Rompiendo estereotipos de indiferencia
Como vicepresidenta del centro de estudiantes de su carrera en la Universidad Católica y exalumna líder del Colegio Santa Clara, demuestra que el liderazgo nace del servicio. Su mensaje para otros jóvenes es esperanzador, ya que demuestra que no hace falta tener todo resuelto para empezar.
Para Agostina dar no es una pérdida, sino una ganancia de humanidad. Su labor abre camino y recuerda que la juventud paraguaya tiene el poder de transformar, cada juguete, cada manta y cada plato de comida entregado en realidad, un mensaje de que nadie está solo.


