La historia de Travelers Café no comenzó entre máquinas de espresso, sino a miles de pies de altura. Anna Paula Agüero, asuncena de nacimiento pero esteña por elección, forjó su temple en la exigencia internacional de Qatar Airways. Durante ocho años, recorrió el globo como azafata, una experiencia que no solo le permitió conocer las tendencias más vanguardistas del consumo mundial, sino también encontrar el amor: un brasileño, exjugador de la selección militar de vóley de Qatar, con quien formaría su familia.
Sin embargo, el destino tenía preparado un aterrizaje forzoso que cambiaría su trayectoria. En el 2020, una visita familiar a São Paulo se convirtió en un confinamiento de tres meses debido a la pandemia. Fue en ese aislamiento donde la idea, que siempre había palpitado en su interior como una “coffee lover” empedernida, terminó de incubarse. Al regresar a Ciudad del Este, el escenario era incierto, pero la determinación de Anna Paula era sólida; quería una cafetería, pero debía ser distinta.
Así nació el concepto de “Auto Café”. Con el mundo bajo estrictas medidas sanitarias, Anna Paula transformó su casa en un punto de servicio donde los clientes no necesitaban bajar de sus vehículos; bastaba un bocinazo para que, a través de la ventana y con todos los protocolos de bioseguridad, el café llegara a sus manos. Fue un éxito inmediato. Lo que empezó como una solución de emergencia se convirtió en el sello distintivo de Travelers, captando la atención de una ciudad que, hasta entonces, tenía una cultura cafetera incipiente.
El crecimiento fue orgánico y vertiginoso. De dos mesas para diez personas, el local evolucionó hasta albergar a cincuenta comensales en un patio de estilo mediterráneo que hoy es el epicentro de las fotos en redes sociales. Travelers Café es, por definición, un espacio “aesthetic”, ya que cada rincón está pensado para la experiencia visual, incluyendo a Félix, el gato de la casa y mascota oficial, quien se ha convertido en la estrella indiscutible de las etiquetas en Instagram.
Pero detrás de la fachada instagrameable, hay un motor familiar y una estrategia de mercado profunda. Anna Paula no improvisó; se capacitó como barista y utilizó su experiencia previa en hotelería para garantizar un servicio de excelencia. Sus hijos son piezas fundamentales del engranaje; mientras los menores ayudan en la elaboración de un menú innovador centrado en cafés fríos —desde los “ice” hasta los “frozens”—, su hija mayor, que sigue sus pasos como azafata en Dubái, actúa como una “cazadora de tendencias” enviando información constante sobre lo que se consume en las capitales del mundo.
La carta es un homenaje a sus afectos. El “Café Franz”, una capuccino con avellanas, honra al padre de una amiga, mientras que el “Espresso Alfredo” rinde tributo a su propio padre, aquel que años atrás, cuando ella dejó la carrera de Veterinaria en Curitiba, la impulsó a buscar su primer empleo. Hoy, Anna Paula utiliza su cafetería como una escuela de vida para sus hijos, enseñándoles el valor del trabajo y el servicio al cliente.
El desafío actual de Travelers es desmitificar el café de especialidad. “Buscamos servirlo de manera simple y directa, para que la gente no tenga miedo de probar algo nuevo”, explica Anna Paula. Para fortalecer este vínculo, está proyectando el “Pasaporte del Café”, una estrategia de marketing que invita a los usuarios a recorrer distintas cafeterías para obtener sellos y recompensas, fomentando un circuito cafetero en Ciudad del Este que, lejos de temer a la competencia, la celebra como un crecimiento colectivo.
Anna Paula Agüero, quien también dirige una agencia de viajes, ha demostrado que emprender requiere planificación y coraje. Su mensaje para quienes sueñan con su propio negocio es claro: “El ‘no’ ya lo tenés, hay que buscar el ‘sí’, pero no de manera improvisada”. Hoy, su “Auto Café” no es solo un punto de parada rápida; es el testimonio de una mujer que supo traducir sus viajes por el mundo en un aroma que hoy perfuma y transforma las calles de Ciudad del Este.


